El infierno

Para mí el infierno no es la imagen que tiene Dante en La Divina Comedia; esa caverna espantosa en donde se ubica ese monstruo alado, atrapado de la cintura para abajo-pariente lejano de un grifo-, de dos caras que aletea para tratar de liberarse, desde el centro de esa fosa obscura, que es el núcleo de las tinieblas. Y que sus aleteos mueven un aire helado que lo congela todo a su alrededor.

Para mí el infierno se parece más a una sala de espera infinita en donde nunca hay resolución de situaciones, te hacen transitar con papeles impresos que representan pagas, que se deben saldar o documentos que se deben presentar en un ajeno lugar, para hacer otra cosa que no se sabe del todo.  En ese sentido en este ranking de lo abismal estaría, por ejemplo, la espera a un vuelo.  Entrar a esa zona intermedia, el interregno del capitalismo en su fase apocalíptica, unos pasillos comerciales que te avisan el concepto duty free, pero donde las cosas siempre te parecen pavorosamente más caras de lo normal. Siempre iluminado con una luz fría que provoca escalofrió. Y las fotos  homologadas de todo el Caribe en una misma isla con distintos nombres.

Esperar una entrevista de trabajo, una postulación para un cargo o un puesto también me parece altamente infernal. La gente que te circunda es como espíritus chocarreros, figuras parcialmente humanas que responden a tu nivel de desorientación hablándote con una cortesía glacial, y se ponen a invocar a otras personas “esto lo tiene que ver la Glorita” o “este currículo lo recibe don Manuel”. Nombres de gente que para una son lo más cercano a almas en pena. Seres espectrales, sin rostro, sin sustancia.

Si al concepto de “sala de espera” lo interseccionamos con el de “enfermedad”, el averno queda prefigurado. Más si, efectivamente, se padece alguna dolencia. Transitar por pasillos de una clínica o un hospital, mientras tratas de ubicar la caja y después distinguir la zona en donde se debe aguardar, hasta ser llamada por el médico. Así la espera se vuelve mucho más tortuosa y la sensación de fragilidad crece, exponencialmente, conforme no se es llamada y pasan  los pacientes antes que una.

Pero todo puede ser aún más mordaz; aguantar un dolor de muelas, hacerse la loca lo que más se pueda, porque afuera hay una pandemia y hay conciudadanos que han muerto por esa enfermedad. Un miedo atroz por todo; que la infección de la encía se te pase al cerebro y te mueras de un día para otro, porque tuviste temor de ir a un centro médico. O morir de septicemia o morir por pulmonía severa. Después te miras al espejo y captas el nivel de paranoia hipocondríaca que estas manejando. Tratas de tranquilizarte, ver cifras; el número de muertos por habitantes, el número de casos graves. Decides ir al dentista.

Llegas al segundo piso de ese lugar –indeterminado- donde hacen la prestación médica y ves en la entrada un piño de gente, tratando de no ser un piño. A esa altura todo te parece coronavirus, sida, lepra, cáncer, tuberculosis y ébola, todo junto, en un melange luctuoso, un cotillón pre mortuorio al que fuiste invitada sin tu consentimiento. Se arma la fila, intuitivamente, hasta que se escucha la voz del portero diciendo “¿Quién viene a tomarse muestra?” La gente lo mira como si hablara en chino o en selenita. Al rato sigue “¿alguien a la ecografía?” Maldigo no haber querido los anhelos de Susanita para tener la inmunidad moral de una panza enorme de gravidez y exigir mi primer puesto como es debido.

Finalmente el hombre dice “¿Quién viene al dentista?”  “Yo” digo apenas, con voz de preadolescente en colegio nuevo. Logro pasar, al interior del centro una enfermera en una mesa pequeña me hace preguntas; si tuve alguna reciente afección a los pulmones, respondo que no, me hace firmar. Paso, saco de una maquina un número de consulta digital, tengo el c359 y van en el c351 y sólo tengo quince minutos para pagar y subir  a otro lugar que no conozco todavía. Cada persona en la sala de espera me parece que se demora una eternidad, llego al mesón a pagar, no donde supuse sino a la vuelta. “Rut de la paciente” doy mi rut y después de 2 minutos la persona del mesón me dice “No debe pagar nada”. Salgo corriendo, subo y me siento a seguir esperando hasta que toque mi turno.

El infierno, ese extraño lugar de expectación y prorroga interminable.

El infierno

Por la libre: Memorial Rocas de Santo Domingo (2020) una crónica sonora de Alisú

Se abre este pequeño espacio de difusión, ya que existe un gran caudal de creadores artísticos habitando internet y se hace urgente la divulgación de sus obras. Se inaugura esta sección de “Por la libre” con el trabajo musical de Alisú (Jessica Campos de la Paz), diseñadora gráfica, música y creadora del netlabel Modismo, con una gran trayectoria en pistas de baile y con variadas giras internacionales.

La novela El palacio de la risa (1995) del escritor German Marín es una crónica literaria por las distintas épocas de la casona enclavada en la calle José Arrieta 8401, que terminaría siendo el centro de Torturas Villa Grimaldi en la Dictadura cívico militar. El trabajo de Alisú llamado Memorial Rocas de Santo Domingo (2020) apunta en la misma dirección de la escritura de Marín, trata de recrear de forma sonora la historia del Campo de Concentración de Rocas de Santo Domingo llamado como “Las Cabañas”. El trabajo originalmente fue una invitación del documentalista Pepe Rovano a Alisú para que compusiera la música de una intervención inmersiva aumentada, que está planteada en el Memorial, dentro de un lugar que aún sigue administrado por el Ejército de Chile. 

Compuesto de nueve tracks, cuando llegamos al sitio que lo aloja, el sello de internet independiente Pueblo Nuevo Netlabel, vemos que la clasificación que hacen de él incluye las categorías de electronic, narration y sountrack. Creemos que a esa clasificación se le puede incorporar la categoría de crónica sonora. En sus 9 temas Alisú nos adentra al primer momento de este lugar, su triste transformación en centro de torturas, para ya quedarnos con la perspectiva futura de lo que podría llegar a ser.

Alisú en el Memorial Rocas de Santo Domingo

El track 1 llamado “Inicio” es una puerta de entrada a una sonoridad electrónica que se ajusta por pequeñas capas, con sonidos de sintetizador algo metálicos e imitando también a algún instrumento orgánico de viento, como lo que podría ser un oboe o un fagot. En una pieza continua nos sumerge en una sensación de aventura, fantaseamos que este primer track podría acompañar a una versión cinematográfica de El Eternauta (1957-59) de Héctor Oesterhel y Francisco Solano. Es una base sonora que se mezcla con el sonido del viento y de las olas, con leves murmullos de personas. Da la impresión que nos hace reconocer el lugar antes de la intervención de terceros.    

La segunda pista “Verano feliz” sigue con la misma idea sonora del track anterior, en donde la capa musical sigue en tonalidades mayores y emula las melodías de las canciones infantiles. Concepto que se intensifica con el ruido del mar, el viento y el griterío de un grupo de niños que se escuchan jugando y disfrutando de un día playa. Lo que nos evoca también, que antes de ser un centro de torturas,  ese lugar de las Rocas de Santo Domingo, fue un centro de veraneo que se construyó durante la Unidad Popular para que los trabajadores de la CUT fueran a veranear, sin costo, con sus familias.

La tercera toma llamada “Todo cambio”, es la forma de musicalización que encontró Alisú para retratar el dramático quiebre institucional que vivió Chile en septiembre de 1973. Sonoridades que ya no son del todo mayores, donde se mezclan unas tonalidades continuas. Mientras que sobre ellas otros murmullos electrónicos se suspenden, exacerban y metaforizan el estado de desconcierto y confusión que se debió haber vivido, no solamente en todo Chile, sino que también en los antiguos veraneantes y vecinos de ese centro recreacional. La sensación de turbación aumenta, cuando la música mezcla esta capa sonora con el testimonio de una mujer, que habla sobre el centro de veraneo.

El track 4 “Triunvirato de la muerte”, nos interna por secuencias y sonidos que se repiten en forma de loop, como las bandas sonoras de Philippe Glass. Pero no orgánicas instrumentales y melancólicas, sino muy por el contrario, con sonidos filosos, penetrantes y envolventes. Que remiten a ese momento clave, en donde la dictadura decide que el antiguo centro vacacional pasaría a ser un cuartel, centro de entrenamiento para militares, además de lugar de torturas y desapariciones de personas. La atmosfera del horror se corona con el testimonio de una prisionera sobreviviente del lugar, que habla sobre una zona en donde eran llevados para ser torturados, ella señala “y ahí está el triunvirato de la muerte”.

La pista quinta llamada “Un enemigo abstracto” ayuda a musicalizar el testimonio de un militar torturador. La base armónica es un sonido sintético que suena como una mezcla de didgeridoo muy grave junto con otros instrumentos de vientos de tonalidades bajas en un pedal continuo. Sobre esta base la voz, de un muy educado torturador, va explicando su situación dentro del Campo de Concentración de Rocas de Santo Domingo; qué tipo de actividades hacían, qué especie de instrucción recibían, quiénes eran sus supervisores al ser nuevos miembros de la DINA, y cómo debían enfrentar a ese supuesto enemigo interno.

La toma sexta “Oscuridad”, remite al momento exacto de las torturas, el track deja de tener sentido musical, para pasar directamente a la experimentación más dura, con sonidos sintéticos y ruidos también en forma de loop. Es la representación de la banda sonora de un sueño pesadillesco sin fin.

El track  7 llamado “Testimonios” ocupa la sonoridad del viento que se mezcla con una melodía de sintetizador, sobre esta amalgama musical, aparecen la voces de los testimonios; hombres y mujeres, que para el momento de su detención, eran estudiantes de educación media. Una de las declaraciones más impactantes es la de una mujer, que fue apresada en su liceo, por un batallón del ejército con las armas listas para disparar, así escoltada por el grupo de soldados, fue llevada hasta el oficial boina verde que procedió a su encarcelamiento.

La pista octava “Ella escapó” nos vuelve a sumergir en una especie de soundtrack en donde la idea principal es mostrar, a través del testimonio de una tercera persona, la historia de una prisionera -Isabel Romero- que logró escapar del centro de torturas, y para no ser perseguida, se adentra al mar impidiendo que la rastreen por sus huellas en la arena. Esta historia es acompañada musicalmente por voces femeninas procesadas, puestas en el tema como nieblas a medio desparecer, más una melodía continua, en una pulsación bastante rápida, junto a otras capas sonoras, además del sonido del mar, que nos ayudan a imaginar a la joven Isabel y su valiente e increíble huida. 

La toma final llamada “La construcción de un sueño” es una especie de musicalización de los puntos suspensivos en que en este momento se encuentra el Memorial de Rocas de Santo Domingo. Con un sonido como de robot de los 70 u 80 –como el del androide R2-D2 de Star Wars– y esa resonancia acompaña a una lenta cadencia electrónica. Una leve incertidumbre que es coronada con la frase de una de las sobrevivientes del centro de tortura: “La construcción de un sueño”. Con esta expresión se cierra sónicamente este trabajo musical conceptual de Alisú.

En estos momentos convulsos, previos al plebiscito para el cambio constitucional, nos parece interesante como la música experimental electrónica, al igual que otras expresiones artísticas, tomen las temáticas de nuestra historia reciente como materia prima. Para hacer una relectura musical y estética de nuestra memoria, con la  intensión de relevar del olvido estos hechos y para que las nuevas generaciones abreven y continúen con la misión de seguir recordando, para no repetir las atrocidades del pasado cercano. 

El trabajo es posible de ser escuchado o adquirido sin costo en la página: https://pueblonuevo.cl/catalogo/memorial-rocas/

Por la libre: Memorial Rocas de Santo Domingo (2020) una crónica sonora de Alisú

Buenas Tardes Mirella

Mi madre odia la televisión, la detesta con toda su alma. Cuando yo despuntaba a la primera infancia, hizo todo lo que estaba a su alcance para que yo dirigiera mi mirada hacia los libros y la música. La tele para ella era “la caja de las mentiras” o “de las estupideces”, frases que solía decirme –alternadamente- durante los fines de semana y festivos, cuando me pillaba en el living viendo algún programa de media tarde, a los diez años.

Pero hubo una época en que ella no la despreciaba, al contrario, la televisión la acompañaba durante sus solitarios almuerzos de adolescente después del colegio en la comuna de Independencia. Y su programa favorito de aquellos tiempos era Buenas Tardes Mirella que lo pasaban por el canal estatal. Lo conducía la encantadora y carismática actriz Mirella Latorre Blanco, hija del escritor criollista Mariano Latorre.

El espacio lo emitían de una a tres de la tarde. Era un programa tipo magazine, pero sin subestimar la inteligencia de los televidentes, ya que traían a variados entrevistados desde políticos, médicos, sociólogos, hasta escritores y artistas. Era un sitio televisivo que ayudaba a la comprensión de los problemas sociales que se vivían en esos años y una ventana necesaria a la cultura.

Buenas Tardes Mirella es un programa que debería tener un sitial dentro de la historia televisiva de nuestro país, puesto que era un espacio conducido por una mujer, a principios de los 70, en un Chile algo despeinado, pero siempre tradicional. Con una puesta en escena austerísima -de una mesa con un mantel- Latorre figurando con un pequeño café con galletitas y al frente de ella debían sentarse sus invitados.

Como buena adolescente mi madre se volvió fanática del programa y de su conductora. No se perdía ninguna entrevista radial o escrita que le hicieran a Latorre, ya que el programa fue un exitazo de rating durante sus 3 años de vida. En esas entrevistas se enteró por ejemplo, que Latorre había estudiado derecho, pero que no escribió ni la tesis ni dio el examen de grado, porque ya estaba absolutamente imbuida en el trabajo como actriz de radioteatro y cine. Mirella siempre contestaba una de las tantas preguntas que se le hacían en torno al éxito de su conducción, que ella le hablaba a la cámara como si le conversara a una amiga muy querida que no veía hacía tiempo.

Y llego el programa del lunes 10 de septiembre, Latorre tenía de invitada a una joven periodista para que hiciera su sección sobre crítica literaria, quizás se habló del primer libro de German Marín Fuegos artificiales recientemente editado bajo Quimantú, mi madre no recuerda exactamente de cuál libro se habló, pero si del tono jovial de la sección. Hubo una grata conversación, a pesar de lo áspero de esos tiempos, y como siempre Mirella se despidió de su público “Buenas tardes y nos vemos mañana”.

Ese mañana era el martes 11 de septiembre de 1973, lo demás es parte de la historia. Mirella con días de viudez se exilia primero en Francia con sus hijas y al tiempo se va a Cuba donde vive por 20 años. En una entrevista dijo que se quedó allí porque en la isla Olivares, su marido, seguía vivo y presente en el recuerdo de los cubanos. Allí trabaja en un magazine también televisivo al estilo del Buenas Tardes, llamado Conversando con Mirella Latorre que lo trasmitían por el canal Tele Rebelde, que duró aproximadamente 11 años, también con gran éxito de audiencia. Luego vino el retorno al país, finalmente ella fallece en Santiago a la edad de 91 años.

Hasta el día de hoy hay una televidente que se quedó esperando esa otra nueva emisión de Buenas Tardes Mirella.

Buenas Tardes Mirella

Una praxis feminista

La Carola nació en 1983, igual que yo y también compartimos nombre propio. Pero ella, con claridad meridiana, se dio cuenta que la mano se le venía más dura de lo normal, viviendo en la Pincoya, con cinco hermanos más su mamá empleada doméstica y su papá carpintero. Por eso entró a un colegio técnico profesional, para lograr conseguir el título de contadora. Sin embargo, el destino dijo otra cosa para ella.

Cuando Carolina da razones de porque decidió ingresar a su disciplina deportiva no hay una respuesta única; alguna vez dijo que fue para bajar de peso, otra dijo que era porque se había dado cuenta que tenía habilidad para ese deporte de contacto, y que las posibilidades como ayudante de contabilidad eran pequeñas comparadas con lo que esta actividad deportiva le podía ofrecer. Finalmente siempre está la otra situación, la de poder defenderse de cualquier tipo de acoso.

A lo mejor la Carola ya con 15 años decidió levantar la cabeza y dar cara a la cuadrilla de imbéciles unineuronales, que te gritan cosas en la calle, si vas sola y tienes entre 12 a 25 años. Agallas y ovarios tiene, yo a esa edad decidí refugiarme en los libros y ser un pájaro diurno. Santiago paso a ser un lugar fraccionado de zonas, en donde siendo mujer yo podía transitar con tranquilidad por algunas áreas, mientras que en otras, arriesgaba demasiado en ese desplazamiento. Quizás Carolina se hartó de toda esa porquería y sin haber leído el manifiesto de Valerie Solanas le fue con más bríos al boxeo.

Y es que la Crespa cada vez que se sube al ring da una cátedra feminista radical, no es sólo contra la contrincante que pelea, eso es lo de menos, cuando la Carola sube al cuadrilátero le propina golpes a todo con lo que ha tenido que luchar; la desigualdad social, a los estereotipos de ser mujer, al machismo en el deporte, hasta con los propios errores que cada uno de nosotros sobrellevamos.

Ese día, cuando retuvo el título mundial en su categoría –peso gallo- contra la boxeadora japonesa Tenkai Tsunami en Antofagasta, durante el primer round bajaba la guardia, para invitar a la japonesa al combate franco y desde ahí lograr contragolpear, una táctica que yo denominaría “Treta del débil” a lo Sor Juana Inés de la Cruz. En el segundo round la Crespa se fue con todo, tuvo unas muy buenas conexiones de jabs, crochets y uppercups, que mantenían a Tsunami lejos de propinarle algún derechazo que la llevara al knockout (KO).

Y el match fue una alegoría de la vida, Rodríguez tuvo que trabajar cada uno de los diez rounds con precisión de joyera, ya que el boxeo no solo se puede ganar por un KO, sino que también se puede obtener el encuentro contabilizando los puntos por golpes dados. Los asaltos fueron como los diez trabajos de la Crespa, los cuales me parecieron de una enorme dificultad, puesto que fueron seguidos y con pausas de tan sólo un minuto, a diferencia de los arcanos trabajos de Hércules. Yo los vi por televisión como si hubiera visto a una amiga; cada gancho, cada derechazo, cada esquivada de KO era un “por mí, por ti y por todas mis compañeras”, antecediendo las celebraciones de los últimos 8 marzo y la marea verde que también llego a nuestras costas.

Por eso me dolió en el alma lo de su último adversario; un reciente tumor canceroso en una vértebra, por suerte ya tratado y exitosamente operado. Porque en este punto de femicidios, descuartizamientos, violaciones e incomprensiones sociales -conducentes al suicidio-, necesitamos que la Crespa Rodríguez vuelva al cuadrilátero. Porque a esta altura de la guerra contra las mujeres, todos los esfuerzos cuentan. Esta conflagración la ganamos entre tod@s y la Carola es punta de lanza como una de sus gladiadoras más insignes.

Una praxis feminista

La dedicatoria de un Campeón

¿Cómo se prepara un ciclista antes de enfrentar una competición, como la Vuelta Chile? Yo creo que Peter la debe haber preparado con una anticipación de quizás un año, un año y medio o incluso dos. Saliendo con su hermano Richard -otro ciclista de lujo, participante en los Juegos Olímpicos de Montreal 76- todos los días a pedalear, seguramente por las afueras de Santiago, con un cuerpo espigado y moreno. Ya curtido por la actividad aeróbica que deja el ciclismo y, por supuesto, con las piernas rasuradas para que ninguna herida se infecte si es que algo ocurre en el camino; y es que siempre a los chicos que practican este deporte les significa el mote patriarcal de “colisas”, por su depilación deportiva.

Sergio era mecánico de bicicletas y también un consumado ciclista de competición. Trabajaba arreglando cletas en un taller que era de su familia, dentro del barrio San Eugenio, no sabemos exactamente si le iba al equipo del Ferro, que ahí mismo tenía su campo de operaciones, o quizá debió haber sido del Colo, liderado en ese entonces, por un rutilante Chino Caszely. Pero Sergio, devoto de las tuerquitas y de las chanchas, fue trabajador mecánico y deportista de excelencia en una mezcla que hoy parece imposible. Fue campeón nacional en persecución por equipos. En 1972 obtuvo el “Campeonato Nacional en 50 kilómetros” y consiguió en dos oportunidades el “Circuito Rengo” y el “Villa Jaime Eyzaguirre”. Por sus grandes logros como ciclista fue seleccionado nacional en  Los “VI Juegos Panamericanos” que se realizaron en Cali, Colombia, entre el 30 de julio y 13 de agosto de 1971.[1]

Es 1987 y a Peter ya no lo queda nada para enfrentar una de las competiciones más importantes en su vida. Finalmente comienza esa XII versión de la Vuelta Chile y la están trasmitiendo por televisión. Se puede ver en las imágenes de archivo, algo desgastadas por los 32 años de distancia, que Peter en los últimos dos kilómetros hace un sprint final que lo desmarca del pelotón, genera la escapada y lo consolida como el campeón de ese año. Su hermano Richard también está ahí como su entrenador y ve emocionado la hazaña en tiempo real. Pero faltaba alguien.

1974. 20 de Julio y Sergio, que no solo era mecánico de bicicletas y deportista profesional sino también militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), es detenido en el taller de su familia por tres agentes de la DINA, entre los que se encontraba el propio Osvaldo Romo. En esa ocasión, los agentes primero se llevaron detenido del lugar a Luis Guajardo, también ciclista profesional y dirigente del MIR. Luego de la detención de Luis, volvieron por Sergio y su hermano menor que para ese entonces era un adolescente de 14 años.[2]

Peter gana la carrera. Se le puede ver como un gran avispón amarillo con dos ruedas enormes al que rápidamente se le acerca la gente, se le puede ver con las manos levantadas mientras la bicicleta sigue con su dirección perfecta, en la rigidez que le da una velocidad descomunal.  El ciclista es transmutado, durante algunos minutos, en una especie de mesías del deporte nacional, un enviado, un emisario celestial del triunfo, en medio del descampado que significaba ser deportista en el gris y dictatorial Chile de los 80.

Sergio Tormen y Luis Guajardo quedaron encarcelados  bajo el poder de la DINA en el centro de reclusión y torturas de Londres 38. Los testigos que lo vieron ahí, aseguran que Sergio se encontraba en muy malas condiciones, porque fue sometido a bestiales tormentos. También padeció un atropello de un camión, cuando fue sacado por los agentes a “porotear”, expresión que utilizaban los torturadores cuando sacaban a un detenido para que hiciera reconocimientos de otros compañeros en la calle. Se dice que cuando lo sacaron trató de escapar y se abalanzó sobre un camión[3]. Es así como finalmente se le pierde la pista hasta el día de hoy. La familia trata de interponer un recurso de amparo el 25 de Julio de 1975 el cual fue rechazado el 4 de octubre.

“Tu hermano está metido en un tremendo forro así que tiene para rato”. Peter Tormen ahora está rodeado por un mar de gente entre espectadores, los otros ciclistas, gente de su propio equipo y periodistas, que están apostados en la meta. Al joven enfundado en su traje deportivo, auspiciado por cerveza Cristal de tonos amarillos y verdes, se le ve visiblemente cansado, aún más tostado por el sol y emocionado hasta las lágrimas “¿A quién le dedica el triunfo?” le pregunta uno de los periodistas, “A mi hermano detenido desaparecido” alcanza a decir Peter y se corta la transmisión. En los compilados deportivos de los noticieros nocturnos tampoco volvió a salir esta declaración.


[1] Información encontrada en: https://www.facebook.com/SergioTormenMendez

[2] Información sacada de la página web Memoria Viva: https://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-T/sergio_daniel_tormen_mendez.htm

[3] Idem

 

 

La dedicatoria de un Campeón

El silencio de Nadia

Observo una entrevista de Nadia Comaneci con una periodista británica, hay algo en su tono despreocupado, en las palabras que usa, excesivamente neutrales; está sorteando obstáculos, como cuando saltaba el taburete o las barras asimétricas, dice cosas para finalmente trasparentar muy poco. Tampoco ella tiene la culpa, el destino la volvió una de las mejores deportistas rumanas del siglo XX, con menos de 15 años, cuatro puntuaciones perfectas en la gimnasia, durante las olimpiadas de Montreal 76’, y un dictador rumano que se sobaba las manos con tamaño regalo que le caía del cielo.

Y es que Nadia, nombre que en las lenguas de origen eslavo significa “esperanza”, le dio algo de resonancia a su país que orbitaba aun alrededor de la U.R.S.S., en donde comenzaban a azolar graves problemas económicos  y las escapadas hacia Hungría comenzaban a ser frecuentes, a pesar de que muchos no sobrevivían al intentar traspasar la frontera.

Nicolás Ceausescu que en sus primeros años de gobernante dio la impresión de tener una política más aperturista con el este, pero que en esa actualidad llevaba con mano de hierro el destino de sus ciudadanos, sabía que Nadia era la mejor propaganda que se había generado en el país.  Y Comaneci cumplió con todo; las medallas de oro, la condición de nueva estrella deportiva, el consabido discurso laudatorio al líder de la nación rumana. Todo se llevó a cabo con precisión de partido único.  

Pero Nadia era tan solo una adolescente en un país en dictadura, que después de casi diez años de un arduo entrenamiento con su coach Bela Caroly, quería vivir con un poco de más libertad su juventud. Para Ceausescu, Comaneci era una razón de estado, por eso fue aislada de su entrenador y protegida en un departamento custodiado por agentes de seguridad.  Sin embargo, vino el Mundial de Gimnasia de Estrasburgo y se encuentran dos situaciones en pugna; Nadia que hacía un año tenía suaves prácticas, que había subido algunos kilos y Ceausescu que quería poner a trabajar su maquinaria propagandística a costa de la joven deportista. Mandaron a llamar a Caroly relegado en otra región para intentar hacer algo con el tesoro gimnástico del país. Se hizo lo que se pudo y quedó para la posteridad la caída de Nadia en las barras asimétricas. Pero no se amilanó volvió con su entrenador y se preparó para el Campeonato Europeo de gimnasia de Copenhague de 1979, donde salió absolutamente ganadora.

En paralelo sin embargo, Rumanía estaba siendo azotada por una crisis económica y de desabastecimiento severa, tenían que vender su producción alimentaria, Nadia recibía como extra dos panes más que le regaló un amigo que trabajaba en una panadería. Se estaba desfondando el régimen rumano, aunque también se estaba desintegrando la fidelidad de Nadia por el gobierno y por la permanencia en su país. Y como siguiendo al pie de la letra los versos del poeta rumano Marin Sorescu “Un día / me levantaré del escritorio[…]/ Veré en la lejanía de una montaña / E iré hacia ella/ hasta que la montaña quede atrás” el abandono se volvió inevitable  y así ocurrió a finales de los 80. Comaneci luego de asistir a una fiesta a las afueras de la ciudad se pone de acuerdo con un grupo de personas para emprender la huida.

Vuelvo a la entrevista con la periodista. Nadia, ahí en menos de 15 segundos explica lo que hizo: “nos encontramos con una persona que sabía cómo hacerlo y fuimos hacia allá”, lo que pude chequear de ese borroneo es que ella y el grupo caminaron durante horas por entre medio de un bosque en el más completo de los silencios, puesto que si se murmuraba algo, ese ruido podía alertar a algún soldado rumano de guardia, que tenía como misión impedir el escape, de esta forma lograron llegar al límite y cuando el grupo de gente no comprendió el idioma de un cartel se dieron cuenta que habían llegado a Hungría.

De ahí parte de la historia está televisada, la gimnasta llega como puede a la embajada de E.E.U.U. en Viena y a la primera persona que encuentra le dice: “yo soy Nadia Comaneci”, “que quiere hacer” le preguntaron en la embajada “quiero ir a E.E.U.U.”, responde Comaneci, pero aun ahí en medio de la llegada y el escándalo que significó que la gimnasta rumana haya escapado hacia el oeste en 1989, la declaración que hace en suelo estadounidense nuevamente nos invita a las palabras que esconden más que muestran. “Quería libertad” y “Llevaba varios años pensándolo” son un par de frases que dice en esa conferencia de prensa. Pero el grado cero del silencio se lo lleva la frase en inglés Not my bussiness (no es mi asunto) cuando uno de los periodistas se anima a preguntarle si la escapada es por el mal gobierno que llevaban en Rumanía. Esa es la primera gran contorsión lingüística de la gimnasta para empezar una nueva vida.

El silencio de Nadia

Crítica musical: The Jazz Messengers (1956)

Portada Jazz Messengers 1956

 

En 1956 cuando el jazz llevaba al menos cuatro décadas de vida, apareció en escena este disco llamado homónimamente de Jazz Messengers. El éter jazzístico estaba imbuido aun por el estilo Bebop de Dizzy Gillespie y Charlie Parker acontecido en la década anterior. Pero los Jazz Messengers tocaron a la puerta del jazz mundial y entregaron el mensaje que querían dar a la posteridad. La banda liderada por el baterista Art Blakey renovó sobriamente la escena musical americana, abriendo puertas hacia otro estilo dentro del lenguaje jazzístico llamado Hard bop. Blakey de la mano con Horace Silver al piano, el trompetista Don Byrd, en el bajo Doug Watkins y el saxofonista Hank Mobley dieron vida y salud a este disco con siete mensajes musicales muy claros.

Infra Rae -compuesto por el saxofonista Hank Mobley- es una entrada triunfal al disco con una línea melódica al unísono entre la trompeta y el saxofón extremadamente alegre que hacen de la línea principal una especie de coro. Acompañando detrás harmónicamente el piano y reforzando la métrica del ritmo el bajo y la sabia batería de Blakey. Al poco andar entra el solo de trompeta con un jugueteo que lo vuelve un deambular por la armonía. El piano también hace lo suyo a la hora del solo. Le sigue luego el saxofón todo esto en un tiempo bastante acelerado y en tonalidades menores y de séptimas, sonido tan característico del blues de raíz y el jazz. Trompeta y saxofón hacen un pequeño unísono de puente y, entre medio, las habilidades Blakey se pueden percibir claramente con un soberbio solo de batería. Una vez que el baterista ha desplegado todo su talento vuelven a la melodía del unísono del principio. Entonces Art Blakey nuevamente entra en acción con un largo redoble de timbales que nos lleva hacia el final. Una gran instantánea sonora para el estilo hard bop.

Nica’s Dream –compuesto por el pianista Horace Silver- entra con un tiempo bastante latino, algo así como un chachachá con una ritmo de batería bastante “beat” adelantándose varios años a los ritmos de moda en los 60’. La encargada de la melodía esta vez es solo la trompeta, la secunda el saxofón y detrás aunando el sonido armónico el piano, bajo y batería. Caen entonces al clásico tiempo de swing en un pequeño quiebre. Después la batería al tiempo de chachachá retoma la melodía original. Entonces empieza el solo de saxofón, se puede escuchar mucha más presencia armónico melódica del piano, que lo secundan la batería y el bajo. Entra de nuevo el saxo al tiempo del hard bop haciendo un puente dentro del solo, para así volver luego a la cadencia latina. El saxofonista despliega de gran forma el oficio de su sonido. Realmente la cadencia latina capta la atención del oyente. Viene un puente que lo lideran el saxofón y la trompeta, entonces entra el solo de ella -en este tiempo de chachachá beat muy pegajoso- le sigue luego el quiebre de hard bop y vuelta al ritmo original. Vuelven hacer el puente y de esta forma entra el piano muy blusero y con una micro línea melódica de bolero, pero retoma su condición jazzística al poco andar. Luego entra de vuelta en la parte hard bop ahí -al volver al ritmo latino- se sigue sumergiendo en tonalidades de séptima y menor, dos geniales juegos de octavas siguen ayudando a la improvisación de Silver. El piano nuevamente entra la parte hard bop para otro solo más en chachachá. Un unísono entre saxófono y trompeta nos hacen volver al tema original donde el saxofón lidera los dos solos y luego todos entran al tiempo de swing, para finalmente quedarse en el ritmo latino donde la trompeta lidera el sonido. Llegando al final luego de un pequeño unísono de trompeta y saxofón, aderezado por el piano y cerrando la batería de Blakey. Da la impresión que ninguno de los integrantes quería dejar pasar la oportunidad para jugar armónicamente dentro de este ritmo tan envolvente.

It’s you or no one. Es un cover originalmente compuesto por el británico Jule Styne y S. Cahn. Styne se caracterizó por ser un compositor de musicales para Brodway. Esta canción paso a ser parte del repertorio jazzístico de forma natural con versiones de Dexter Gordon o de Chet Baker por nombrar algunos. Dentro de sus intérpretes más mainstrem destaca Doris Day, que la canto para una película musical de 1948 llamada Romance on the High Seas. La versión de los Jazz Messengers empieza con una introducción de piano, seguida de la línea melódica interpretada intercaladamente por trompeta y saxofón, Luego de la cual entran de lleno al swing con un solo de trompeta. Ayuda el piano a amalgamar en términos armónicos de todo el conjunto, pero se nota la presencia rítmica de la batería-con algunos redobles y adornos- y un poco más atrás el bajo. Entra entonces el solo de saxofón aprovechándose de la línea melódica inicial en tono mayor, para luego entrar en las modulaciones jazzísticas. Viene un quiebre con más presencia rítmica de la batería. Después de eso entra el solo de piano que lo acompañan un suave compas de batería y tiene más presencia sonora el bajo con unas notables líneas de walking bass bastantes rápidas. Un redoble de Blakey lleva a un unísono entre trompeta y saxo, con unos pequeños solos intercalados entre ellos. Para luego estos mismos instrumentos seguir un bello y enrevesado unísono al ritmo del hard bop, que lleva al final siempre aderezado por la bateria de Blakey. Dulce y corta como emulando la interpretación de la siempre grácil Doris Day.

Ecaroh –otra composición del pianista Horace Silver- empieza con nuestro conocido ritmo de chachachá beat, para luego caer en el swing, con ayuda de la batería, aderezando el tema con un juego de voces de parte de la trompeta y el saxofón. Ayudando en esta labor el bajo y un poco más atrás el piano. Para hacer otra ronda como al comienzo del tema, pero en esta segunda vez entra de lleno al swing y la trompeta y el saxófono no paran con su línea melódica. Hasta que de pronto empieza el solo de saxo, acompañado por potentes frases de bajo al estilo walking bass, un delicado ritmo de batería y un poco más atrás los notables acordes del piano. Le sigue un solo de Trompeta condimentado de la misma forma, para caer con más presencia del bajo al solo del piano. Bakley lleva un sobrio ritmo de swing, hasta que hacia el final del solo del pianista -con un gran redoble de batería- se vuelve al tiempo del chachachá beat, para ya luego con más pirotecnia de Art Blakey se regresa a la parte de swing. Y otra vuelta más pinponeando los dos ritmos anteriores con quiebres mandados por el baterista, de esta forma la melodía se estacione en el tiempo de hard bop del inicio. Para que la canción finalmente se vaya en tiempo chachachá con un punto final expresado por el piano.

Carol’s Interlude– otra composición del saxofonista Hank Mobley- empieza con un unísono de trompeta y saxofón con un beat acelerado, luego entra un poco al tiempo de swing y da una vuelta más repitiendo la misma secuencia. Entonces- ya en tiempo de swing- después de esta segunda vuelta entra-esta vez primero- el solo de piano acompañado fielmente por el bajo y un poco más atrás la batería. Debemos consignar que es un gran solo de Silver. Luego el piano da paso al solo de saxofón acompañado con redobles de la batería. Mobley hace gala de su manejo armónico al saxofón, haciendo incluso una cita musical a la línea melódica de la canción I don’t mean a thing (If ain’t got that swing)– compuesta por Duke Ellington- para con esa ayuda seguir en su improvisación. La batería hace un redoble y da paso al solo de trompeta mezclada con algunos más redobles de Blakey, para ya de lleno dar paso a su solo intercalado con la trompeta y el saxofón. Así de nuevo de forma unísona los dos instrumentos le dan más pases a la maestría de Blakey en la batería. Para finalmente volver a la melodía del inicio, mientras en paralelo el baterista sigue adornando con golpes de batería para de esta forma llegar al final.

The end of a love affair. Otro cover originalmente compuesto por Edward C. Redding un compositor y letrista estadounidense, esta canción fue su obra más famosa. The end of a love affair es otra de las canciones que rápidamente pasaron al cancionero recurrente de los músicos de jazz, con versiones que van desde la irremplazable Billie Holiday, Frank Sinatra, Nat King Cole, West Mongomery, hasta llegar a la actualidad con cantantes como Chaka Khan o el trompetista Winton Marsallis. En el caso de los Jazz Messengers su versión del tema resulta extremadamente renovadora, ya que deciden acelerar el ritmo y alejarlo del tiempo de blues -bastante más melancólico- de la canción original. Ocupando este ritmo que yo denomino chachachá beat y que les ayuda llevar el tema desde ahí hasta el swing o a lo que se quiera. El tema comienza de la mano de la trompeta un poco más atrás el saxofón y el piano, para aparecer ya casi en un tercer plano, la batería y el bajo. Hacen un quiebre más de hard bop y se vuelve a una segunda ronda. Para ya entrar con más melodía de la trompeta, tocan otro quiebre más y Don Byrd toca otro solo mas de blues y swing. Y así de esta manera volver a la melodía original del inicio. A tiempo de chachachá, aparece otro suave quiebre y tenemos más melodía a dos voces con la trompeta y el saxofón. Entonces, después de un suave redoble de Blakey, entra el solo de saxo a un acompasado tiempo de swing, con bastante presencia de la batería y un poco más atrás el bajo y el piano armonizando. Luego se da paso al solo de la trompeta con la misma fórmula armónica: presencia de Blake y segundado Silver y Watchins. Después de eso le toca la improvisación al piano, dejando solo a la batería y con unas muy buenas líneas melódicas del bajo. Que aprovecha siempre en estas instancias junto al solo de piano de demostrar sus habilidades. Luego viene un quiebre de Blakey para un juego a dos voces de la trompeta y el saxofón en una conversación entre esto y el piano de Silver. Para luego volver a la oscilación chachachá y bop del comienzo, de esta forma cerrando el tema con un juego de voces del saxo y la trompeta, luego el piano y cierra el baterista.

Hank’s Symphony –la tercera composición del saxofonista Hank Mobley para este disco- entra con unos redobles y una música que evoca bastante a los ritmos africanos tribales con un unísono de: Trompeta, Saxofón acompañado Piano. Para entrar en un pequeño momento de música latina. Luego se repite la melodía del inicio y se hace un pequeño cierre. Entonces el infierno de los ritmos afro caribeños se desata, con un furioso mambo acelerando aún más la melodía inicial, para que luego –obviamente- entre en escena un intratable Blakey con un solo de antología al ritmo del mambo y toda la influencia de Pérez Prado. Así después volver con la ayuda de la trompeta y el saxo, aludiendo a los sones del mambo, y de nuevo Blakey siga con su soberbio solo ya en fusión latin jazz, para de esta forma retornar a la versión mambo con la melodía original. De esta manera con un retardando y con un gran redoble del baterista cerrar todo el disco con un apoteósico final que lo cierran los sonidos de los platillos.

The Jazz Messengers (1956) es un gran conjunto de temas que se vuelven de cabecera a la hora de identificar lo mejor del sonido hard bop, con fuertes reminiscencias del blues. Este puñado de temas hace gala de una variada paleta de colores musicales, donde el latin jazz se hace muy presente. Art Blakey es el gran jefe de este conjunto instrumental y eso se nota dentro de las composiciones del grupo. Cerrando el disco con un tema incendiario en ritmo y hecho a la medida para él. Debemos recordar que los Jazz Messengers funcionaron por 35 años y fue una notable cantera y escuela para grandes solistas, dentro de la historia del jazz americano, solo por nombrar algunos: el saxofonista Wyne Shorter, el trombonista Curtis Fuller que de allí salto al afamado Miles Davis Quintet, el saxofonista Brandford Marsallis y el afamado trompetista y hermano del anterior Wynton Marsallis.

Aquí el disco en cuestión:

Y acá algo de los Jazz Messengers en vivo:

 

 

Crítica musical: The Jazz Messengers (1956)

In Memoriam Y Amores

Amores in Memorian

In Memorian y Amores son dos relatos testimoniales que rompen con nuestro esquema de lo que es el siglo XIX una visión pasada por cientos de páginas de carácter histórico monumental, que nos remiten a grandes hechos de la humanidad pero nos hacen perder de vista justamente la cotidianeidad de esa humanidad, una muchedumbre que burbujea por las calles de Paris como antes, como ahora y como posiblemente será en el futuro.

Leauteud hace un fresco crudo de su vida pero también de la forma de vida de sus conciudadanos y coetáneos paseándonos por situaciones difíciles, singulares y varias excéntricas. Eso sí se debe dar cuenta de que lo que más teme el escritor al hacer este trabajo testimonial es caer en la victimización, para eso como remedio infalible ocupa la ironía, la sagaz observación o algún comentario brutalmente acido que no nos deja condolernos con el niño o joven que fue.

Da la impresión que Leauteud nació viejo, la perspectiva que le pone a su relato es como la de un gran abuelo que mira pasados cincuenta años los hechos que vivió cuando temporalmente no cuenta más de treinta y cinco años y los hechos que narra, no pasan de los diez años cuando estos ocurrieron. Se suele decir que hay almas que nacen más viejas que la edad de sus portadores seguramente Leauteud fue uno de ellos.

¿Habrá sido su intención exorcizar su pasado al escribir su tan singular vida? Un ajuste de cuentas con el padre, matar al padre siempre dicen que es el paso a la adultez en este caso verlo morir o con el amor, por como lo trato, o quizá simplemente tener ese placer soberbio de la última palabra, la escrita, la que no se borrara con el paso de los años.

Leauteud nos sumerge en medio de su vida de su particular “no relación” con su padre y de su fracaso amoroso con una fruición notable, la que invita a seguir pegado a cada página hasta lograr la lectura completa de estas memorias.

Hablar del padre es hablar de él mismo, hablar de su amor es también hablar del ese acto exhibicionista extremo lo hace con demasiada soltura y elegancia, una prosa que invita a seguirla y que genera frustración, cuando se llega a la autocensura de los puntos suspensivos, cuando el relato se va tornando más sexual. ¿Qué habrá sido? Mañas de un viejo joven que vive adelantado y que desde ese momento dejara sus propias muecas para la posteridad.

In Memoriam Y Amores