Por la libre: Cuaderno Obrero de César Cabello, una cartografía del despojo

Cuaderno Obrero es el sexto poemario de César Cabello, una autoedición que vio la luz en el medio digital Letras.s5 el 2019. Estos 51 poemas transitan por distintos lugares, en donde es posible ver las zonas de despojo, que aun existen en la República de Chile. En la primera sección titulada “Construirse una casa” en diferentes poemas nos sitúa en los parajes que recorre una voz proletaria. Se muestra la actividad de un obrero en la ampliación de su casa dentro de la población: “[…] Tres carretillas hondas te pesan las manos / y los brazos se te rompen con el abuso de las piedras / Aunque la pared deberá secar / y tus huesos alienarse en el descanso.”(6). Los recuerdos de una voz que se reconoce de extracto popular: “Mi casa de infancia. / El cerco de madera atravesado por gatos callejeros / que venían en busca de comida.”(11).

Campamento popular Cardenal Juan Fco. Fresno, Santiago, julio de 1984.

En esta sección aparece la relación con el trabajo de las clases proletarias: “Yo caminaba por la sala de la fábrica. / Crecí en la perspectiva del hierro. /  Fui el ritmo de la maquinaria, /  la lírica obrera, los golpes de martillo” (13). Que también. con el paso del tiempo, esta conexión entre la clase obrera y el trabajo se ve degradada, menoscabando las posibilidades de la misma clase trabajadora: “Pienso en esto, sentado frente al polígono fabril / donde se construían las locomotoras / y que hoy albergan las bodegas / de un supermercado” (14). Fabricas que acogían a obreros construyendo trenes, que después de un cambio económico radical, terminan habitando esos mismos lugares convertidos en bodegas para el comercio y ellos en reponedores.

Fotos del blog https://fotografiasanlucas.wordpress.com/

En esta sección aparece la relación con el trabajo de las clases populares: “Yo caminaba por la sala de la fábrica. / Crecí en la perspectiva del hierro. /  Fui el ritmo de la maquinaria, /  la lírica obrera, los golpes de martillo” (13). Que también con el paso del tiempo esta conexión entre la clase obrera y el trabajo se ve degradada menoscabando asimismo las posibilidades de  la clase trabajadora: “Pienso en esto, sentado frente al polígono fabril / donde se construían las locomotoras / y que hoy albergan las bodegas / de un supermercado” (14). Fabricas que acogían a obreros construyendo trenes, que después de un cambio económico radical terminan habitando esos mismos lugares convertidos en bodegas para el comercio y ellos en reponedores.

Fotos del blog https://fotografiasanlucas.wordpress.com/

La segunda parte titulada “Población Sta. Olga, Lo Espejo” la cartografía se afina mucho más, ya no es un lugar en el extramuros de Santiago sino una población especifica; La Santa Olga ubicada en la comuna de lo Espejo. El barrio fue emplazado en lo que fueran los terrenos del Fundo Lo Sierra. Después del golpe militar -el 16 de septiembre de 1973- los pobladores encontraron el cuerpo de Víctor Jara en la orilla de la vía férrea Santiago-Pto. Montt. La impronta política se puede ver en estos versos: “Celebro al homo faber, / a las dirigentes del comité Sta. Olga de Kiev / y al político desconocido que, sin pedir nada a cambio, / convenció al propietario de esos manzanares /para que firmara la expropiación.” (17).

Se describen también a personajes como el pintor de brocha gorda Pedro Rafael Hidalgo que sentía vergüenza de ser un obrero y salía trabajar de terno todas las mañanas. O la condición de un trabajador cesante ansioso ante la posibilidad de una nueva colocación en mucho tiempo: “Es entonces cuando adviertes /  que han pasado cuatro años / desde tu último empleo / y no sabes si estarás listo.” (24). En este punto, sin embargo, vemos como lentamente los personajes y las voces que van apareciendo en esta segunda sección se van envileciendo por la precaria situación que se vivió en la época de la dictadura: “Fui parido en medio de un ajuste de cuentas. / El control de la natalidad estuvo a cargo de los militares /  y de sus viudas, quienes nos obligaron /  a quedarnos detrás de la nube del progreso.” (27).

La tercera parte llamada “El hombre culpable” Cabello metaforiza otra zona de expoliación que podríamos decir está ligada con la segunda, puesto que en su gran mayoría son jóvenes que viven en las poblaciones los caen en el delito, acorralados por la falta de recursos y vidas complejas, ceden al entorno que es el pasadizo final hacia la cárcel: “No todos tuvimos la protección del pájaro, /  a algunos de nosotros nos fue dado un cerdo, /  una madre alcohólica y un revólver./ La balanza inclinada/ hacia un solo /lado de la justicia.” (56). Una vez dentro del sistema carcelario sólo se sigue experimentando más del horror y la vulnerabilidad por la culpa que deben pagar: “No se nos permite llorar. Nuestras familias reciben de nosotros / llamadas desde los teléfonos que no requisa Gendarmería: / ¡Aló! Estamos bien. A un compañero de la torre cuatro, /  la de primerizos, lo encontraron muerto en el baño. / Las razones se omiten, […]. Nadie sabe lo que pasó.” (52).

| / Agencia Uno

En el régimen de internación se entra en una selva de violencia y agresiones: “En una esquina de la celda alguien llora. / Fue violado. No tiene a nadie que lo consuele.”(45). Las relaciones homosexuales son moneda de cambio para la demostración de poder y la subsistencia de los reos dentro del penal: “Porque la Ley natural es anterior a la Ley del hombre / y la masculinidad es la carne que se entrega en sacrificio / cuando no hay nada que ofrecer.”(55). Los gendarmes son otros personajes que controlan esta área de vulneración y son altamente despreciados por el penal: “Están del lado de los cerdos y de los capataces, / de los dictadores y de los árbitros de fútbol. / […] Pero no pasa nada con estos conchasdesumadre.” (48)

Crédito de foto: Rukas mapuche en la ciudad

La cuarta parte llamada “Crónica de Frontera” comienza con una historia que hace referencia a lo que un grupo mayoritario de mapuches vivió en su traslado, desde la zona sur de Chile a la Capital, ubicándose justamente en los extramuros de la ciudad, en las poblaciones que colindan al gran Santiago. No obstante siempre hay recuerdos de la tierra que quedo atrás: “No hay que ir muy lejos para darse cuenta / de que la ciudad de Temuco tiene otro peso en el ojo. / Ni hay que ser un prestidigitador para saber que el alma / posee los colores de la sombra.”(71). Otra voz describe la situación legal del pueblo mapuche y la condición en que vivieron alguno de sus hermanos: “Conozco un pueblo perseguido / por el Consejo de Defensa del Estado / y al menor de los Peñan, que hasta los doce años / todavía pensaba que era chileno.”(75).

Después de la revuelta social del 18 de Octubre de 2019 la lectura de Cuaderno Obrero aumenta sus prismas de análisis, puesto que a nuestro entender, muestra metafóricamente los síntomas que antecedieron al levantamiento social. Dejando claro que hace 30 años que las manifestaciones culturales dejaban al desnudo un malestar social que se venía incubando, desde los mismos inicios de la recuperación de la democracia.  

Cuadernos Obrero está disponible en: http://www.letras.mysite.com/cuadernoobrero.pdf

Por la libre: Cuaderno Obrero de César Cabello, una cartografía del despojo

El señor de los 100 voltios

A mí me gusta Gilbert Bécaud y lo digo en presente porque la admiración artística no acaba con la muerte. Le decían el señor de los 100 voltios, por ser altamente temperamental, lo suficiente como para tocar tan fuerte los pianos hasta estropearlos en pleno concierto. Las canciones de Bécaud me llevan directo a mi primera y segunda infancia, a hallullas tostadas con  mantequilla y té con leche. A mi madre eternamente limpiando la cocina el día sábado, en la mañana, después de otra jornada laboral semanal, mientras como sordo murmullo despunta una tímida democracia protegida en Chile. Mi mamá dejando la radio en las emisoras am  en las que daban canciones de otros países como Francia, Italia o el Brasil, haciendo el aguante en contra de la invasión de música en inglés en la que yo crecí

Revista italiana Radiocorriere

En ese micro mundo Gilbert era parte de las estrellas rutilantes que conocí de muy pequeña y también me encanté con uno de sus hits Nathalie, esa historia tan sonsa como cautivadora del joven francés que va a Moscú y queda medio enamorado de la guía turística. Ahora que la vuelvo a escuchar es una canción perfecta para niños, con su ritmo acompasado, en tono menor que imita el folclor ruso. Gilbert Bécaud a los 9 años entró al conservatorio donde estudió piano, durante la Segunda Guerra Mundial se ganó la vida tocando en bares de París, ahí tomo el seudónimo del apellido de su padrastro Bécaud. En las grabaciones se le puede ver siempre impecable de traje y una corbata con puntos. Un amuleto que creó después de conseguir el primer trabajo como pianista, una vez que su madre le coció una corbata con un retazo de uno de sus vestidos.

Con 400 canciones a su haber, Gilbert Bécaud es uno de los padres y cultores de la canción francesa, con composiciones que se hicieron famosas a nivel mundial como Et maintenant, una canción que está claramente influenciada por el Bolero de Ravel, versionada en inglés por Judy Garland o Frank Sinatra o C’est en septembre cantada por Neil Diamond. También tiene canciones que están envueltas por algún tipo de polémica como  L’important c’est la rose una canción que aunque muy alegre, en tonos mayores, habla crípticamente de que “lo importante es la rosa”, generando en parte del público la idea de que Bécaud podría haber estado vinculado a la secta de los Rosa Cruz.

DR

Gilbert vino a Chile en el 80, año imposible por la oscuridad de toda índole que azolaba al país. Pero ahí está la grabación para testificar lo que parece ser improbable. El concierto se hizo en el cine Astor de Santiago y fue grabado con los equipos de Canal 13. Se le ve de 53 años, enfundado en un traje color azul y su impajaritable corbata obscura con lunares blancos. El cabello algo crecido y despeinado y con su sobre excitación característica arriba del escenario, entregando todos los voltios que tenía dentro de sí. La interpretación de Et maintenant es perfecta, ofreciendo todo el dramatismo de la impotencia del amante dejado. Al público se le puede ver rendido a la performance del francés, levantando las manos lo más que pueden para aplaudir a rabiar cada una de las canciones. 

Como en otras ocasiones me demore en saber cómo era físicamente Gilbert Bécaud, por mucho  tiempo para mí fue sólo una voz rasposa de un barítono, que medio cantaba y medio recitaba sus canciones. Cuando vi una especie de video clip de Nathalie del 64, que grabó el francés durante su visita a la URSS, mi sorpresa fue total, era un hombre moreno de nariz aguileña, ojos expresivos y mandíbula marcada, que le guiña el ojo a una cámara  mientras mira al sol, su nivel de carisma era apabullante. Su atractivo permaneció intacto a pesar del paso del tiempo junto con ser un fumador compulsivo, lo que le trajo como consecuencia un cáncer de pulmón que le produjo la muerte en 2001. Este año se cumplen 20 años de su partida, pero es indesmentible que el paso del tiempo en nada ha mermado el magnetismo de su voz y la belleza de sus canciones.

El señor de los 100 voltios

Por la libre: Caín 1920 (2020) un presente desde el pasado

Caín 1920 es un proyecto que fue publicado para libre descarga a finales de 2020, se puede entender esta obra dentro de variadas que salieron como una respuesta o consecuencia a la revuelta social comenzada el 18 de Octubre de 2019. En el caso de este texto publicado por Editorial Virus el foco está exclusivamente centrado en la violencia policial. Para esto se creó una especie de montaje o instalación escritural, Gastón Carrasco seleccionó textos de los escritores José Santos González Vera y Manuel Rojas. Caro Lagos diseño el arte que acompaña la publicación, el cual está compuesto de collages y dibujos que remiten a las fotos periodísticas de la revuelta que evidenciaron el abuso policial más explícito.

Como señala Carrasco en la introducción al texto la premisa es simple “1920 es peligrosamente parecido a 2020. Digo peligrosamente porque terminó en muertes en los años siguientes […] Han pasado 100 años y la violencia estatal sobre los ciudadanos, no siempre sujetos a derecho, se mantiene.” (p5). Era el período del primer gobierno de Alessandri, un gobierno de corte liberal que debía reactivar la economía, como también aumentar los niveles de protección social en las capas trabajadoras y medias. Algo que a la larga no se pudo lograr y en 1924 se produjo una crisis política en donde los militares se hicieron con el poder.  

En este contexto Caín 1920 es una invitación a contemplar el presente de la violencia policial además de su genealogía de 100 años atrás, así por ejemplo González Vera hace una radiografía social perfecta del contingente de vigilantes : “Esa raza plebeya / que marcha hacia los campos de batalla / a matar a sus hermanos de miseria” (p8). La representación de sujetos populares que una vez graduados de policías arremeten contra sus hermanos de clase es algo que el poeta José González ya detectaba con total claridad.

Los textos escogidos también tienen un marcado carácter anti militarista y pacifista: “El militarismo es la degradación de los humanos y el engendro de Caínes.” (p11). Esta es la metáfora bíblica que permea todo el texto. La historia del parricidio de Abel en manos de su propio hermano Caín. Que además, una vez que Caín asesina a su hermano en el campo, trata de desaparecer el cuerpo, es Dios quien le asegura a Caín: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”[1]

Víctimas de la masacre de Ranquil.

Las descripciones de la violencia policial se pueden ver calcadas en su eficacia pero con variantes de época: “La policía, aburrida con los continuos mítines que realizaba esta Liga, y no teniendo medios más inteligentes para detenerla y contrarrestarla que los garrotes y los caballos, en varias ocasiones garroteó a los manifestantes y los dispersó a caballazos.” (p17). Si bien hoy se recurre a carros lanza agua de última generación, la lógica represiva sigue siendo la misma. Debemos decir aquí, sin embargo, que las fuerzas policiales siempre han oficiado de peones para el poder político de turno, como primer dique de contención estatal de las protestas sociales.

La despersonalización de ambos bandos; manifestantes y carabineros por parte de los gobernantes al mando es algo que observa Manuel Rojas. Una situación que debe ocurrir, de lo contrario se generaría una desestabilización de las relaciones establecidas: “Nos consideraba, y consideraría a todo el mundo, como abstracciones y no como realidades; un policía era un policía y un detenido era un detenido, es decir, sustantivos y adjetivos, y cuando por casualidad llegaba a darse cuenta de que eran, además, seres humanos, sufriría un gran disgusto.” (p20)

Se puede comprobar en el texto que los montajes policiales también son de larga data dentro de nuestra historia de los movimientos sociales en Chile, mantienen también las mismas lógicas de aplicación; toda la organización social sabe quién los comete para qué fines y cómo estos hechos de carácter delictual quedan sin sanción penal, mostrando las fisuras del sistema judicial: “Alfonso Bulnes, Parada, Parker, Gueratti, Cristo, Robinson, Barceló Lira, Guzmán, Román, Torres y otros funcionarios civiles, militares y policiales que incendiaron la Casa Obrera de Magallanes, viven en libertad. He aquí la igualdad ante la ley.” (p21). Aquí también la PDI hace atentados para inculpar a otros: “La Policía de Investigaciones hizo lo que ha hecho muchas veces: urdió un complot terrorista, con cartuchos de dinamita y todo, y lo colocó en la I.W.W. Están presos todos.” (p29)

Iván Alvarado / Reuters

Gastón Carrasco en su introducción señala lo peligroso que fue 1920 y los años que vinieron y que culminaron con la creación de la constitución de 1925. Si bien hubieron un sin número de obreros y estudiantes tras las rejas, también existieron asesinatos por parte de las fuerzas represivas de la época. En ese tiempo el homicidio que tuvo gran impacto mediático fue el del poeta José Santos González Vera, llamado el poeta cohete, hecho ocurrido en la cárcel pública de Santiago. Testigos aseguran que cerca de mil personas fueron a despedir al escritor. En tiempos de gallito fácil, de controles preventivos de identidad con sesgo clasista y racista leer Caín 1920 sitúa el actuar de las policías en Chile dentro de una maquinaria mayor gubernamental, en donde la razón de estado pareciese ser un férreo status quo que impida cualquier tipo de mejora en las condiciones de vida de las clases populares y de los trabajadores en general.

Caín 1920 puede ser descargado en  http://www.editorialvirus.cl/2020/12/31/cain-1920/


[1] Génesis 4, 10.

Por la libre: Caín 1920 (2020) un presente desde el pasado

Bill Evans, el pintor de la armonía

Una tarde cuando yo trataba infructuosamente de entrar al tono del puente de “Round Midnight” en la versión que cantaba la genial Carmen McRae, como para darme un recreo de ese ejercicio que no estaba resultando, le pregunte, al pasar, a mi profesor de canto “¿Cuál es su pianista favorito?”, la sala se llenó de un respetuoso silencio y mi profesor dijo solemnemente y con voz algo queda “Bill Evans”. Me llamo la atención el microcosmos sagrado que se formó en torno a la respuesta de mi pregunta.

Y es que el pianista Bill Evans pertenece al parnaso de leyendas del jazz estadounidense. Pieza fundamental del disco de Miles Davis Kind of Blue, el mismo Davis dijo muchas veces que el trabajo se hizo en torno al piano de Evans. El nacido en Plainfield también ayudo a solidificar en la década del 60 y 70 el formato de trio; batería, contrabajo y piano para conciertos o grabaciones. Pero en donde bajo y percusión se liberan de la sola obligación de acompañar al teclado, abriendo una gama de posibilidades melódicas y musicales.

Evans estudio flauta y piano clásico en la Universidad de Southeastern Louisiana. Es por esto que es posible escuchar en sus ejecuciones influencias de la música impresionista francesa clásica, Debussy, Satie y Ravel entre otros, se escuchan en su paleta sónica, como un pintar impresionista del jazz. Se escuchan los trazos armónicos, las grandes marcas sonoras que evocan la melodía central, pero siempre moviéndose modalmente en novenas e inclusive undécimas, ocupando mucho legato y generando esta sensación de rubato, una pequeña lentitud en su suave ejecución. Bill Evans estableció una forma de tocar el jazz que luego de él, se volvió la norma para la mayoría de los pianistas.

LEBRECHT GALLERY

La primera vez que vi un video de Bill Evans por internet, sentí que una alta dosis de melancolía me impactaba de lleno, fue la versión de “My foolish heart” en la grabación en blanco y negro, se le puede ver muy delgado y algo desgarbado, en un riguroso traje de terno y corbata, con un peinado a la gomina casi escolar y sus impresionantes gafas de carey oscuro. Se pueden observar sus manos enormes sobre el teclado, pero lo que más impresionó es como Evans esta encorvado sobre su piano, con los ojos a veces cerrados otras parpadeando semi abiertos, tocando sin ver las teclas, como si mientras está al piano es el instrumento quien lo sostiene, el que lo ayuda a sobre llevar ese mar de nostalgia que él mismo crea sobre las teclas.

Recuerdo lo que me comento mi profesor, confeso admirador del pianista norteamericano: “A Evans le dolía la vida, era un alma muy sensible, frágil”. Ted Gioia en su Historia del Jazz hace un trazo de la personalidad de Evans, señalando que era introvertido y suave en su forma de hablar y también algo sentimental, por lo que su colaboración con Miles Davis duro cortos 8 meses. El pianista después comento que se sentía física, sicológica y espiritualmente agotado trabajando con el trompetista.

Portada del disco Sunday at the Village Vanguard de 1961

Luego de su paso por la banda de Miles Davis decide formar su propio trío junto a otros dos jóvenes músicos; Scott La Faro en bajo y Paul Motian en batería. Graban un disco en vivo llamado Bill Evans trio Sunday at the Village Vanguard, once días después de esta señera grabación La Faro muere dramáticamente en un accidente automovilístico a la edad de 25 años. Luego del fallecimiento del bajista Evans salió de circulación por un año, muchos dicen que afectado por la muerte de su amigo. Siendo un alma emotiva y debiendo afrontar pérdidas tan sensibles, no solo la de La Faro, sino que también el suicidio de su propio hermano y el de su mujer, cuando supo las intenciones del músico de divorciarse de ella. Evans fue uno de los que cedió al consumo de drogas; cocaína y heroína, sin embargo también vivió periodos libre de estupefacientes.

GETTY IMAGES

 Los últimos años de vida de Bill Evans están cargados de grandes actuaciones alrededor del mundo, al mismo tiempo que su propia audiencia, tras cada concierto, se daba cuenta que quizás esa podría ser la última presentación. Se le puede ver en algunas grabaciones con las manos hinchadas, producto de una deficiencia hepática, que comienza arrastrar como resultado de la adicción. Lo que no le dificultaba que su trabajo al piano siguiera siendo brillante. Sin embargo, ocurre lo inevitable, el 15 de Septiembre de 1980 en la ciudad de Nueva York muere Bill Evans a causa de una hemorragia interna a la edad de 51 años. Nos quedan las cientos de grabaciones fílmicas y sonoras en donde podemos seguir apreciando y disfrutando a uno de los pianistas fundamentales dentro de la historia del jazz mundial.

Bill Evans, el pintor de la armonía

Una película perdida

Hace mucho tiempo atrás, cuando recién había entrado a la universidad e internet estaba en pañales, nos juntábamos con un amigo los días viernes a ver películas por Cinemax. Después de las 10 de la noche daban filmes más cercanos al cine arte o independientes, nos hicimos aficionados a ese día -con ese horario- para visionar lo que caía en la parrilla de programación. En ese tiempo mi amigo estaba algo obsesionado con todo el microcosmos de David Lynch, y se enteró, revisando el librillo mensual de la televisión por cable, que darían una película en donde trabajaba Patricia Arquette la actriz que participo en Carretera Perdida.

Foto de Munzir en Pexels

Quedamos en mi casa y vimos el filme, se llamaba Mas allá de Rangún, ahí Arquette era una médica que estaba pasando por un duelo durísimo; la muerte violenta de su marido e hijo por unos asaltantes. La hermana de la protagonista, en su desesperación para que Laura -el personaje de Arquette- no cayera en una depresión aún más profunda, la invita a un viaje a conocer los templos budista de la antigua Birmania, actual Myanmar. Hasta ahí la película me estaba pareciendo de un nivel de autoayuda medio desagradable. Nos mirábamos con mi amigo, esperábamos algo más lynchiano, más independiente y agresivo menos dramático y contemplativo. Pero decidimos seguir viendo la realización.

Los turistas del primer mundo llegan a Rangún y al principio se muestran la belleza de los templos budistas, pero Laura a raíz de la experiencia post traumática de su doble perdida, no puede dormir por las noches. El personaje decide saltarse el toque de queda y salir a un paseo nocturno por la ciudad, en ese contexto, se encuentra con un joven guía que le pregunta si quiere ver la verdadera Myanmar y lo que pasaba ahí. La aceptación de la médica abre un portal en donde la película da un viraje argumental en 180 grados. Laura sale del perímetro vigilado por la policía y entra en la zona no custodiada cayendo directamente en una dictadura brutal. La protagonista comienza siendo espectadora de una protesta en contra del gobierno, encabezada por la premio nobel de la paz birmana  Aung San Suu Kyi y el filme se cierra con Laura tratando de cruzar un río hacia Tailandia,  mientras soldados de la frontera en Myanmar le disparan a la gente.

Con mi amigo estábamos completamente consternados y agotados. Habíamos visto a Laura zafar de ser violada, capturada, torturada y asesinada, pero cuando ya habíamos pensado que esta “ficción” nos soltaba por ese viernes, para volver a nuestra apacible vida en Santiago de Chile, la coda final nos destruyó; Mas allá de Rangún estaba basada en hechos reales, un silencio mortuorio cruzo el living. El nivel de violencia desplegada por la dictadura representada en la película nos parecía ficcional, irreal, ensangrentada para la cámara, que tuviera un mínimo de asidero con la realidad nos parecía feroz, una atrocidad impactante.

Ese fue mi primer acercamiento que tuve con la historia política de Myanmar, la cinta era de 1995 y mostraba las protestas de 1988 de los birmanos en contra de una dictadura militar, que para ese tiempo, se empinaba por sobre los 45 años de vida. Hace dos días nos enteramos que los militares otra vez van a interrumpir la corta democracia de 10 años que tenía el país. Militares birmanos que hicieron en 2008 una constitución a su medida; en donde detentan el 25% de los escaños en ambas cámaras del parlamento y algunos ministerios esenciales: Interior, Defensa y Fronteras (ni Jaime Guzmán se atrevió a tanto). Acusan que hubo fraude en las elecciones pasadas, sufragios que fueron ganados por La Liga Nacional por la Democracia que dirige Aung San Suu Kyi en contra del partido Unión, Solidaridad y Desarrollo, el partido cercano a los militares. El general golpista Min Aung Hlaing tiene varios cargos de crímenes de lesa humanidad, lo último que se realizó en democracia, por el ejército birmano, fue la masacre 25 mil personas de una minoría étnica musulmana, los rohingya, donde 725 mil personas de esa etnia fueron desplazadas y convertidas en refugiados en Bangladesh. Genocidio que enloda a la propia Aung San Suu Kyi, puesto que ella era parte del gobierno cuando ocurrieron los hechos.

Los especialista en ciencias políticas sugieren que el exceso de poder que detentan los militares por sobre el mando civil genera una especie de doble dominio en paralelo, lo que tarde o temprano iba a producir una nueva desestabilización política.  Tratando de buscar información de lo que pasaba en Myanmar escribí  “coup d’eta” en el buscador, la forma de raíz francesa con que los anglosajones denominan los golpes de estado. Algunos canales por internet ya tenían reportajes sobre la situación política de los birmanos. Me quedo con la explicación que dio un joven manifestante en contra de la intervención militar: “Nuestro país era un pájaro aprendiendo a volar, ahora el ejército nos rompió las alas.”   

Foto: AFP
Una película perdida

El monarca habanero

Cuando se habla de ajedrez en general pensamos en climas más bien fríos, hombres en su mayoría muy concentrados, de rictus severos y en realidad todo esto es aderezado con apellidos que provienen del mundo de la Europa del este. Así Kasparov, se cruza con Kramnik y Topalov entre otros más. Pero hubo una época en donde el ajedrez no era de dominación tan marcadamente eslava, como en la actualidad. En ese tiempo austriacos, alemanes y otras nacionalidades entraban al ruedo a tratar de disputarse el cetro de rey del tablero. Y entre esos monarcas también hubo un cubano, que a pleno sol habanero hizo las delicias y disfrutes del llamado deporte ciencia.  

José Raúl Capablanca nació en la Habana en 1888 hijo de un militar español y una cubana de origen catalán. La leyenda dice que el pequeño José aprendió a jugar ajedrez viendo como su padre jugaba con amigos. En un momento determinado el padre se da cuenta que su hijo de 4 o 5 años ya sabía mover las piezas en el tablero, entonces juegan una partida y el vástago le gana al padre. José María Capablanca decide entonces llevar al niño al Club de Ajedrez de la Habana. A la edad de trece años José Raúl le gana al campeón nacional cubano Juan Corzo y se corona como campeón de Cuba.

Un niño José Raúl Capablanca jugando una partida con su padre

Al terminar el secundario su familia no tenía muchos medios para mandarlo a estudiar a la universidad, pero un amigo de su padre se convirtió en su benefactor y fue enviado a cursar Ingeniería Química a la Universidad de Columbia. El joven Capablanca intento llevar por algunos años las responsabilidades académicas y su pasión ajedrecística, pero esta última fue más fuerte y dos años después abandonaba la carrera en Columbia dedicándose de lleno al deporte ciencia.   

En 1905, en el Club de Ajedrez de Manhattan, Capablanca vence al campeón mundial de ajedrez por 25 años, el austriaco Emanuel Lasker. En 1921 es declarado campeón del mundo al vencer otra vez a Lasker. En 1922 E.E.U.U. lo tienta con la posibilidad de que adopte la ciudadanía norteamericana, lo que el cubano rechaza de plano. En paralelo a su carrera como ajedrecista de renombre, Capablanca se interesa por difundir el ajedrez dentro de la isla. Entre esos esfuerzos que realizó para la divulgación del deporte ciencia esta la creación de la revista Capablanca Magazine que tuvo 48 números entre 1912 a 1914. Dada su educación bilingüe y sus méritos en el ajedrez, el gobierno de Cuba lo contrata para el Servicio Exterior. En términos de estilo, se dice que Capablanca poseía un forma posicional dentro del tablero, tratando de dominar el centro y se caracterizaba por cerrar las partidas con jugadas muy sencillas pero demoledoras para el rival.

Capablanca y Emanuel Lasker

La vida de José Raúl Capablanca fue muy corta e intensa. Muere a los 53 años producto de una hemorragia cerebral producida por una hipertensión arterial que padecía. Si bien los ajedrecistas cubanos llevan en la frente el legado del único monarca habanero que existió en la isla. El rastro de Capablanca en la sociedad cubana, se podría decir que es intestino, pero que, a poco andar, nos encontramos con esa huella que lleva al ajedrecista de la Habana, el niño prodigio del tablero.

Así por ejemplo en la crónica “Alfiles” de la poeta Reina María Rodríguez, la figura de Capablanca se funde con la imagen de su propio padre también ajedrecista: “Mi padre murió sin alcanzar el título de “Campeón nacional de ajedrez”. La fama no quiso acompañarlo hasta el final y  murió dieciocho días después de haber cumplido los cincuenta años. Hoy, puedo comprender –muy cerca el arribo de esa edad la semana próxima- lo joven que él era.  […] Mi padre estaba en el cenit de su carrera ajedrecística, cuando un coagulo le hizo la trastada”. El espejeo entre el señor Rodríguez y Capablanca es más que evidente. El anhelo por la figura paterna desaparecida de manera tan inesperada es la alegoría de la isla que igualmente resintió la partida de uno de los deportistas de elite más importantes que haya tenido Cuba en su historia del deporte.  

El monarca habanero

Sábado de Caldillo

Mi madre siempre ha cocinado teniendo en su mente las directrices que alguna vez le dio su propia abuela, las que incluían el concepto de balancear las comidas y de la realización de ciertos platos en ciertos días. Así los lunes y martes son de legumbres, miércoles y jueves son de algún guiso de verdura, el viernes es tortilla con algo y los fines de semana se comen algún tipo de carne. La época de mayor rigurosidad de este menú diario opero cuando mi hermano y yo estábamos en el período de crecimiento. Y este método se entronizaba con la logística de tener todos los sábados muy cerca de casa la feria del barrio.

Los hijos en crecimiento, la dieta balanceada, la feria próxima dieron como resultado una fórmula que a mi mamá le pareció perfecta; el sábado se come pescados. Hasta acá todo suena bien, el asunto es que la suscribe y escribe tiene muy poco feeling con los pescados y mariscos. Antes me avergonzaba decirlo, se sabe que la finura culinaria está asociada al mucho deleite y placer de comer estos alimentos. Un compañero de trabajo me dijo una vez “si quieres saber cuán de bueno es un restorán debes pedir pescado, ahí se sabe la calidad del lugar” desde ese momento nunca he decidido testear a ningún restorán más allá de las carnes, así vivo con la ilusión que todos los locales que he visitado son muy buenos.

Foto de Axel Breuer en Pexels

Mi madre sin embargo, en su calidad de cuidadora, perseveró con la idea de la dieta balanceada y tuve que enfrentarme todos los sábados de mi niñez con la disciplina de comer algo que no me gustaba, pero que dadas todas las disertaciones que mi mamá dio al asunto, era de muchas propiedades y gran valor nutritivo. Cuando mi abuela venía a visitarnos ese “Congreso chileno en defensa de los pescados y mariscos” lo coronaba la veterana con una master class sobre las bondades de las cabezas de pescado. Ponencia que era amenizada con todo un ritual: mi madre compraba la pescada en la feria para hacer el caldillo, le pedía las testas al pescadero -al llegar a casa con esa sobredosis de yodo desde mi pieza podía sentir el olor a pescado fresco- ponía hervir la cabezas en una olla y después sacaba las molleras las ponía en un plato y mi abuela procedía a comerse la carne. Una vez cuando tenía 10 años ante el espectáculo dantesco de la veterana con las testas y chupando los huesitos le pregunte “¿Por qué come cabezas de pescado?”. Ella me contesto de forma misteriosa con una sonrisa: “Para no hablar cabezas de pescado mijita.”

Foto de Alexander Zvir en Pexels

La perspectiva de los caldillos todos los sábados, debo decir, que en mi segunda infancia me tocaba un poco la felicidad de los viernes en la tarde al salir del colegio. “Que rico empieza el fin de semana ¿qué iremos a comer mañana?…ah…caldillo” fue una frase que varias veces paso por mi mente con sus afirmaciones, sus preguntas y sus respuestas. Con el paso del tiempo me di cuenta que en realidad el pescado, las papas, las zanahorias, la cebollas más el caldo con salsa de tomate eran bastante agradables. Descubrí que mi piedra de tope eran los mariscos. Me parecían tan raros en sus caparazones y al paladar era como probar algo chicloso de disímil textura. Una vez se me ocurrió la idea de partir por la mitad un chorito sacado de su concha, el milagro de ver un micro sistema vivo me pareció una pequeña pesadilla de bolsillo. Conforme fui creciendo y entrando a la pre adolescencia con mi mamá fui negociando qué comer del caldillo, llegamos a un acuerdo tácito de que comía todo menos los mariscos.

Foto de Diana en Pexels

Pero llego un día cuando yo ya tenía 17 años, otro sábado después de comer, que simplemente le dije a mi madre “mamá no voy a comer más de esto”. Ella me escucho y se dio cuenta en la convicción adulta que tenía al respecto, no discutimos, nos dimos cuenta que se cerraba mi ciclo de adolescencia, entraba a la juventud y con ella el caldillo se quedaba atrás.

Debo decir que una vez cerrada la fase del caldillo, mi madre abrió otras etapas que nos ayudaban a las comidas balanceadas, como el de los pescados asados. Los mejores pescados al horno los he comido en mi casa. Me consuelo por mi poco gusto con los mariscos, pensando que quizá me desagradan porque a lo  mejor soy alérgica a alguno de ellos, y mi cuerpo como una forma de protección, me hace no inclinarme a ese sabor. Siempre cuando tocamos el tema de los 11 años de sábados con caldillo mi madre remata “te cocinaba caldillo porque el pescado tiene mucho fósforo y yodo, gracias a eso saliste tan inteligente.”     

Sábado de Caldillo

El reinado brasileño

Foto de Pineapple Supply Co. en Pexels

Uno de los pocos reinados que pudo tener mi abuela y heredar a algunos de sus nietos fue el imperio de las teleseries brasileñas. Cuando yo era niña y vivía con ella o cuando nos visitaba por algunos días a nuestra casa, a la hora de almuerzo no había posibilidad alguna de discusión, simplemente después de comer, una vez que ella se tomaba ese impajaritable te con sacarina, la tele se dejaba en el Canal 13 y se esperaba a ver lo próximo de la parrilla de programación, que casi siempre fue una teleserie de factura brasilera.

La opción de mi abuela  por las telenovelas de factoría carioca tenía fundados argumentos, puesto que ella comentaba que las teleseries de mayor complejidad de guion que ella había visto en su vida eran del país mais grande do mundo. Y el paladar de mi abuela en cuanto a historias y tramas era bastante fino, habiendo sido lectora de Dumas, los rusos y el policial británico. Supongo que en los 80 ella tiene que haber visto el súper clásico Dona Beija  un drama histórico con una jovencísima  Maitê Proença  en el rol protagónico. Así las cosas yo casi sin saber leer ni escribir comencé a sumergirme en ese mundo de historias tan particular.

El primer recuerdo que aparece en mi cabeza, casi al mismo tiempo en que iba  en primero o segundo básico, es el de la teleserie La Chatarrera, el título traducido en otros países como La reina de la chatarra. Protagonizada por Regina Duarte y Tony Ramos. Era la historia de una hija de nuevo rico que la conservadora sociedad paulista trataba de vacío en vacío. María del Carmen (Regina Duarte) pactaba un matrimonio high class con un niño bien (Tony Ramos) con poco metálico pero si mucha prosapia en el apellido. Lo que yo me acordaba de la teleserie era la mesa de vidrio que María del Carmen tenía en su oficina, con forma de la parte delantera de un Ford antiguo color rosado. La protagonista se veía impresionante pilotando ese escritorio. Evoco haber fantaseado con tener un pupitre así en mi pieza. La otra escena inolvidable es la final, cuando todos los negocios se le van al diablo a María del Carmen y tiene que empezar de cero saliendo con una camioneta vieja y  voceando “Chatarra, chatarra” para que la gente del barrio le entregara los desperdicios de metal que tuviera. Aunque el término de la historia era de un fracaso rotundo, me impactaron las agallas de la protagonista de simplemente resetear y comenzar otra vez desde abajo.

Se me viene a la  memoria otra teleserie que vi con 11 o 12 años junto a mi abuela y a mi hermano, se llamaba Cara y cruz. Una historia increíble de dos mujeres que parecían gemelas pero con personalidades muy dispares: una muy quitada de bulla y algo aprensiva, la otra una chica mala con pocos sentimientos. Se producían una cantidad de enredos entre parejas intercambiadas y otros despropósitos. Se debe decir que esta teleserie fue vendida por Canal 13 con el gancho de que se podría volver a ver a Maitê Proença  dentro del elenco. En esa ocasión la ex Dona Beija hacía de mala junto a un actor que después se supo que era medio chileno.

Foto: TV Globo / Divulgação

A mí Regina Duarte me pareció tan espectacular en su despliegue como la reina de la chatarra que cuando supe que Canal 13 emitiría la telenovela Por amor en el 98 no dude un segundo en seguirla. Era un drama de carácter mucho más tradicional. Una historia de familia con sus silencios y sus mentiras. Ahí Regina interpretaba a Helena Viana madre de María Eduarda. La trama iba así: Helena y María Eduarda están embarazadas de sus respectivas parejas en el mismo periodo de tiempo  y el mismo día van a tener a sus hijos. El drama se instala cuando María Eduarda pierde a su vástago, Helena se entera por un amigo médico de la situación de su hija y decide cederle su propio hijo a la hermana mayor en secreto -sólo ella y el obstetra lo saben- dentro del hospital. Alto nivel de culebrón e investigación sumaria sanitaria. Lágrimas de principio a fin, lo que recuerdo de esa telenovela es la escena de Helena a los pies de su marido pidiéndole perdón por negarle la existencia de su propio hijo. Atilio (interpretado por Antonio Fagundes, el mismo protagonista del Rey del ganado) le grita consternado “yo lloré por ese hijo, lo fui a enterrar”-y luego el remate- “Tú no sabes amar”.  Y una al frente del televisor sin saber que pensar condoliéndonos por el dolor de Helena pero teniendo claro que esa mentira se había salido de control.

GLOBO/DIVULGAÇÃO

Con la vida adulta, le perdí la pista a las teleseries brasileñas, el tiempo lo consumen otros deberes de mucha seriedad y poca diversión. Después nos enteramos que el Covid se había ensañado con el Brasil y su población mas precarizada. Y una noche como en otro giro macabro y magistral de las telenovelas brasileras vi la foto de Regina Duarte dentro del noticiario, renunciaba a su cargo de ministra de la cultura del Brasil a raíz de los pésimos manejos para controlar la pandemia de Jair Bolsonaro. Ante mis ojos Regina nuevamente se convertía en Helena Viana, que aunque trataba de reparar el daño causado, su error la había llevado demasiado lejos, casi sin posibilidad de enmienda.     

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El reinado brasileño

Un problema de larga data

REUTERS/SHANNON STAPLETON

El miércoles en la tarde, otra vez, me madrugan vía WhatsApp, un amigo me manda el link; el Capitolio siendo tomado por una horda de adherentes de Trump, tratando -literalmente- de parar el proceso de confirmación de la presidencia de Biden por parte del vicepresidente Pence en el senado. Una amiga me manda un audio “¿Qué les está pasando a los gringos?”, otra amiga me manda un mensaje “¿Qué está pasando en EEUU? no logro comprender del todo”.

Si bien Trump y sus adherentes -incluido el grupo Qanon con sus ideas conspiranoicas- son el síntoma, me parece que el problema de los E.E.U.U. se arrastra desde su guerra interna a mediados del siglo XIX. La llamada Guerra de la Secesión o la Guerra Civil estadounidense fue una conflagración bélica en donde los Estados de la Unión que eran en su mayoría del norte y abolicionistas de la esclavitud se enfrentan con los Estados Confederados en su gran parte del Sur y esclavistas. Esa guerra interna produjo vencedores y vencidos. El Sur agrícola con grandes plantaciones algodoneras y que provee materias primas al Norte que era industrial y bancario. Lo que en la práctica generó una especie de colonialismo interno en donde el Sur recibe la asimetría del poder norteño.

Un tranvía llamado deseo

El dolor sureño, desde la perdida de la Guerra de Secesión, ha sido tan permanente que es posible rastrearlo en la cultura estadounidense; las obras de teatro de Tennessee Williams hablan de ese trauma social,  que él como habitante del sur e hijo de  Edwina Dakin, una mujer con aires aristócratas, pero venida a menos, que nació después de esa guerra, le heredó a su hijo el complejo de los vencidos. Su obra de teatro y luego película Un tranvía llamado deseo se podría leer como una alegoría de esta conflagración bélica. En donde Blanche DuBois representaría a un extraviado y traumatizado Sur, mientras que Stanley Kowalsky es la metáfora de un abrasivo y violento Norte.

Al este del paraíso

Las obras del escritor John Steinbeck también muestran algo similar. Al este del paraíso en donde se narra la historia de una familia desde la Guerra de la Secesión hasta la Primera Guerra Mundial, el libro De ratones y hombres allí se muestran las difíciles condiciones de trabajo de los vaqueros en el sur, además de mostrar el racismo y la segregación racial de la época. 

El nacimiento de una nación , una de las primeras grandes producciones de cine norteamericanas a inicios del siglo XX. Dirigida por D.W. Griffith,  muestra el drama de la Guerra de Secesión desde el punto de vista de los sureños. Algo que realmente consterna es la escena final de la película, en donde en medio del desastre de la batalla, aparecen miembros del Ku Kux Klan para salvar la situación de las comunidades blancas. Están representados como pseudos caballeros templarios que vienen a defender a los desprotegidos ciudadanos sureños.  

El nacimiento de una nación

El arquetipo del dolor de una aristocracia algodonera vencida es el personaje de Scarlet O’Hara en Lo que el viento se llevó. Un sur que ya desde esa época era de un racismo encarnizado hasta la actualidad, en donde matar a un ciudadano afroamericano por parte de la policía sigue siendo una infracción menor. E.E.U.U. tiene esas dos heridas de base; el racismo y el fantasma de la guerra civil. Y en general los presidentes electos más allá de sus partidos de origen, trataban de mantener una política de unidad, sobre todo frente al fantasma de la guerra interna.

Lo que el viento se llevo

Se suponía que era una cicatriz grande de una herida ya sanada. Hasta que apareció  Donald Trump y decidió raspar y volver a raspar la llaga; aprovechando la gran cantidad de blancos trabajadores con problemas económicos, sumando además a los cubanos anticastristas y los venezolanos antimaduristas. El coctel de la intervención violenta quedo servido. Alguien podría pensar que mi idea de unir el asalto al Capitolio por partidarios de la extrema derecha trumpista con la cicatriz de la Guerra Civil podría ser un exceso. En el mundo estadounidense las imágenes son fundamentales, una de las banderas más ondeadas en esa frustrada toma del Capitolio fue la bandera Confederada. El herido Sur otra vez y los hijos, de los hijos, de los hijos, de los hijos, de los hijos de los blancos que perdieron esa guerra, de nuevo tomando la palabra, exigiendo prerrogativas, creyéndose con un mejor destino manifiesto sólo por ser blancos. Y junto a ellos los latinos con ciudadanía estadounidense, que una vez conseguido el papel que les confiere status legal no quieren saber más de inmigrantes.

AFP

Así como los ataques terroristas de 2001 marcaron una nueva agenda internacional de E.E.U.U. con las naciones de Medio Oriente, el asalto al Capitolio señalará una nueva política interna, sus alcances están aún por verse.   

Un problema de larga data

Estar en forma

Foto de Ivan Samkov en Pexels

Cuando se piensa en esa frase “estar en forma”, lo primero que se me viene a la cabeza es lo atlético y deportivo; estar en forma para jugar un buen partido de fútbol, o hacer una caminata por la pre cordillera durante tres horas, hasta lograr llegar a una cumbre. Y también de forma obvia pienso que “estar en forma” es esa clásica medida anatómica, la cual reza que: una debe pesar lo que mide, es decir, yo mido 1.55 debería pesar 55 kilos, de lo cual estoy muy lejos con mis actuales 66. Pero creo que se puede estar en forma desde otro lugar y dependiendo de los casos, por ejemplo, en el deporte tradicional japonés Sumo los luchadores exhiben una forma anatómica monumental para poder combatir con otros contrincantes. Cambio corporal que lo realizan a través de un tipo de alimentación especifica.

Maradona también lograba estar a punto para los partidos del Nápoles después de días de juerga y cocaína. Y lo conseguía, lograba estar en condiciones apropiadas para la competencia y así llevo al equipo a campeonar en todo lo que participaron en los 80. Me gusta también la frase variante “estar en tiempo y forma” que involucra no solo estar adecuadamente para una situación, sino que también ser puntual, lo que aumenta las posibilidades de éxito. Algo que logró Nadia Comaneci a los 14 años cuando saco 10, la nota máxima, en su presentación personal y le arrebato la gloria a las gimnastas soviéticas en las olimpiadas de 1976, pero que luego  no pudo completar “en tiempo y forma” en las siguientes competiciones. Convertida en el fetiche político de Ceausescu  fue aislada del resto de las competidoras y los entrenamientos fueron suavizados, no pudo llegar a estar de manera competitiva. En otras disciplinas estar en forma significa haber estudiado al menos 8 horas diarias la actividad; como podría ser en el caso de los ajedrecistas profesionales o los músicos de conservatorio. Se sabe que Frank Sinatra en algún momento de su vida dejo el cigarrillo y se aficiono a la natación, se dio cuenta que era una actividad que le servía para dos cosas: tener buen estado físico y aumentar su capacidad pulmonar, algo que afectaba directamente a su buena performance como cantante en el escenario.

En el caso de los filósofos, por lejos el que debió haber tenido muy buen estado físico era Aristóteles, que con su escuela peripatética, es decir, “itinerante” solía hacer sus enseñanzas mientras paseaba con sus discípulos (en todo caso, creo que la gente con mejor estado físico de la vida eran los griegos y los romanos, basta ver la cantidad de esculturas con hombres y mujeres de proporciones apolíneas, y se sabe que mucho de los modelos eran gente común, una vida  a tracción humana los dejaba con esos cuerpos delineados). Le sigue ya más entrado en la modernidad un maduro Emanuel Kant, que por la buena influencia de un amigo, decide ordenar sus horarios y tomar una caminata por las tardes siempre a la misma hora por su ciudad Königsberg actual Kaliningrado. Se comenta que Karol Wojtyla antes de ser papa poseía una vida sumamente activa, mucho trabajo pastoral con jóvenes en los extramuros de la ciudad, se dice que era en parte por su agrado al realizar actividad física; como el remo o hacer senderismo y también para hacerle más difícil el trabajo de espionaje a la policía política polaca de esos años.  

Me parece que el estar en forma se vuelve mucho más difuso en el caso de los escritores, ¿Qué sería estar en forma para un escritor? Recuerdo una anécdota que leí de Bolaño cuando el cáncer hepático lo tenía abrazado a su suerte, mientras sube en un ascensor y ve a una bella médica, con la cual sabía que sería completamente incapaz de tener sexo, por el mermado estado de salud en que se encontraba. En ese mismo relato abjura de los escritores que se cuidan de tener muy buena salud, saliendo a trotar todas las mañanas, privándose del cigarrillo y de otros excesos y que, posiblemente, no iban a pasar por el trance que él estaba padeciendo. Evoco también  el caso de la premio nobel polaca Wislawa Szymborska , vivía sola en su departamento y algunos testimonios dicen que era muy cálida con sus invitados y  que en su hogar siempre habían posibilidades de tomar una sopa en polvo o comer algún pedazo de pizza recalentado, Wislawa estaba en forma para su poesía sin lugar a dudas.

Pero igualmente están esos que odiaba Bolaño, los escritores deportistas; Foster Wallace casi no se hace escritor por pensar seriamente ser un tenista profesional. Se dice que Hemingway era fanático del boxeo, algo que no me sorprende dado todo su itinerario y preferencias ultra masculinas lo que incluía; la caza, el whiskey, escribir de pie y volarse la tapa de los sesos de un balazo si es que las cosas no daban para más. El caso de Yukio Mishima es icónico con largas sesiones de entrenamiento en gimnasio, levantando pesas y practicando el kendo, la esgrima japonesa, mientras armaba un ejército privado y trataba fallidamente de devolverle la gloria pasada a su Japón. En contraposición Pasolini era un tifoso del fútbol, amaba tanto la disciplina que sólo le interesaba jugarla, ganar o perder era parte de las posibilidades. Recientemente vi una entrevista de Leila Guerriero que aseguraba que si en la mitad de su trote diario se le aparecía una buena idea, llegaba a su casa se sentaba a escribir y luego hacia todo lo demás, que le importaba un pepino tener calambres con tal de escribir la idea que había atrapado en su cabeza.

Sin embargo, para el deporte de alta competencia “estar en forma” es algo que en algunos momentos limita con lo ilegal, como en el incidente de los dopings positivos de algunos velocistas estadounidenses o de algunos ciclistas italianos. Uno de los casos más dramáticos es el de la lanzadora de peso Heidi Krieger de la Alemania oriental que fue permanentemente dopada con esteroides anabólicos, lo que influyó a su actual condición de hombre trans, en la actualidad llamado Andreas Krieger. “Estar en forma”, de esta manera, puede significar lograr los objetivos deportivos pero en medio de una opacidad legal. Recuerdo cuando asistí a un gimnasio,  ahí tuve un entrenador personal que en otro momento de su vida hacia fisicoculturismo, uno de sus maestros -por el que estaba dispuesto a seguir hasta la luna- un día antes de la presentación formal donde eran evaluados, tomaba un tipo de medicamento que le hacía tener una noche de sudoración y de horror, lo que le ayudaba a llegar mucho más marcado a las competencias. También tengo en la memoria a un chico algo menor que yo, que entre ejercicio y ejercicio, me comentaba que era rugbista y que quería tener mejor estado físico. Cuando lo conocí era un joven alto con evidente sobrepeso, lo dejé de ver un par de meses, hasta que me lo encontré en un entrenamiento con otro cuerpo, mucho más fornido. Mi entrenador que sabía de esos submundos le comento sin miramientos “y usted está muy cambiado, ¿Qué pastillita se está tomando?”  

“Estar en forma” entonces varía mucho de las actividades y las pretensiones de la gente que quiera estar en esa condición. La situación que hay que alinear es para qué se quiere estar en a punto. Para mí es claro que en el actual modo de vida, que incluye una pandemia que nos obliga a estar aún más quietos que hace un año atrás, nos lleva a niveles de inmovilismos insospechados; en algunas ocasiones 8 horas de estar sentados en una mesa, mas descansar sobre sillones y camas; es un whatsapp al sedentarismo, que es el principio del abismo de la diabetes, la hipertensión, los colesteroles altos, entre otros deterioros orgánicos. Si sumamos a eso el tabaquismo el coctel con la muerte como invitada de honor está la vuelta de la esquina. Hay que hacer un proceso de extrañamiento con el sedentarismo, ver lo anormal en que alguien no se mueva durante al menos 16 horas si sumamos horario de trabajo más las ocho horas de sueño. Y ver cómo se puede revertir esa inercia que por lejos es lo más difícil de romper. Siempre se recomienda que si se quiere batir al sedentarismo tiene que ser con actividades que sean de sumo agrado, y que estén muy a la mano, así se le comienza a ganar a la pereza. En este punto me parece que Bolaño ya me habría dado un portazo, cortado el teléfono, clavado el visto o nunca más me hubiera contestado un mail; soy de las que por temor a las enfermedades, asociadas a los estilos de vida poco saludables, sí le preocupa el estar en forma.

Estar en forma