Los libros siguen siendo tímidos

Me compré el libro de Giulia Alberico por el 2014 porque sucumbí a su título Los libros son tímidos, me pareció tan sutil ese nombre que no pude contenerme y salir de la librería con mi ejemplar en la mochila. Giulia comienza esa verdadera biografía literaria con los cuentos que le contaba un tío, cuando ella no sabía leer muy chiquita. Hace poco hubo otro día del libro y pensé un rápido sobre vuelo de mi vínculo con esos objetos.

Mi relación con la lectura al igual que Giulia partió antes de la lectura misma. Recuerdo un día que mi madre volvió del trabajo con un paquete grande para una niña de 4 años, era la caja que contenía un audio libro con sus respectivos cuatro casetes. Después supe que ese regalo le costó a mi mamá diez cuotas, porque era imposible económicamente afrontarlo en un sólo pago. Evoco ese día como si fuera hoy,  porque eso me cambio mi pequeña vida de cuatro años, escuchar los radio teatros que acompañaban los cuentos fue un subidón de adrenalina imborrable. Con ese libro conocí la fábula de La tortuga y la liebre, Las aventuras de Pipo en arcadia, otras historias más surrealistas como El Árbol de los zapatos o la notable El traje nuevo del emperador entre muchas otras.

Foto de Polina Tankilevitch en Pexels

Para mis padres es indeleble la imagen que tienen de mí pidiéndoles que me pusieran los casetes, y yo actuando mi lectura en un bello momento teatral infantil. “Dice que está leyendo” le comentaba mi padre risueño a mi madre. Mientras yo comenzaba a vivir la fascinación de los libros. Cuando ya aprendí a leer, me di cuenta que tenía una lectura veloz natural, que me podía devorar esos relatos de editorial Barco de vapor de una sentada. Entonces comencé a leer de a pares; el libro mensual de mi colegio más el que leía mi hermano en el suyo. Así me entristecí con cada cuento que estaba en Corazón de Edmondo de Amicis, en particular el relato “De los Apeninos a los Andes” un melodrama de principio a fin; un niño que recorre el mundo en busca de la madre.

A los 11 años realicé un salto un poco fuerte; se me ocurrió leer lo que estaba leyendo mi hermano, que en ese tiempo era el libro Gracia y el forastero de Guillermo Blanco.  Quedé un poco en shock con la idea de la chica de embarazarse para que no la separaran del protagonista. También me pareció bien insoportable toda esa onda militar que se tenía que bancar Gracia por parte de su padre; el personaje más odiable de todos, incluso más que Max; el aparato de novio que ella tenía, también milico de menor rango. Para ese tiempo no me cabía en la cabeza que mis compañeros de curso asociaran la lectura con la tortura. Ya que cada vez que la profesora daba el título del libro del que nos tomarían prueba la última semana, saltaba uno con la pregunta “¿Tiene película?”

Foto de Oziel Gómez en Pexels

Los 16 años marcaron un hito; logré llegar al libro El Amante de Lady Chatterley , lo de Lawrence fue iniciático y bastante tramposo, puesto que en un par de capítulos una se identifica casi al cien por ciento con Connie. Nos parece muy inteligente y perspicaz, nos convertimos en amiga de ella o en ella misma, y cuando todo va perfecto damos un giro en 180 grados. Constance está perdida en medio de un matrimonio sin mucha sustancia, un marido con secuelas gravísimas de la guerra, un deseo que conforme pasan las páginas se vuelve casi inmanejable y el más odiado-amado guarda bosque en la historia de la literatura universal: Mellors. Amado por muchas y odiado en particular por parte de la crítica literaria feministas de los 70′. Ese libro inauguró mis momentos de complicidad con mi madre puesto que conocía la novela y me dejo leerla, un pacto que se empezó a tejer desde ese instante.

Me acuerdo haber leído Las Olas de Virginia Wolf y tener que parar varias veces su lectura, sobre todo cuando comenzaba hablar de “la nada”, por momentos se me volvía agobiante el retrato de esa idea mezclada con su sensación. Lo último que leí fue Un seguidor de Montaigne mira La Habana de José Antonio Ponte, la obsesión de Ponte por las ruinas de la capital de Cuba y cómo describe esos retazos de lo que fueran antiguos edificios de la ciudad, mezclados con sus propias memorias genera una profunda fascinación. Pero en más de 2000 años de historia, el mecanismo de los libros sigue siendo el mismo; silencioso y paciente, es una la que se tiene que acercar a ellos, encontrarlos y escogerlos, la que tiene que abrirlos en ese silencio que nos invita a otras latitudes, otras vidas, otros mundos. Los libros siguen siendo tímidos.     

Los libros siguen siendo tímidos

Los malos de la película

En temas cinematográficos siempre quedan en la retina los héroes de los filmes, ha sido últimamente, y cuestionando en parte el binomio paladín-bellaco, que los guionistas han puesto su atención en los malos de las películas. El fútbol en la actualidad, siendo un deporte espectáculo de tan alta complejidad, en donde se desarrollan historias paralelas al juego mismo, también el devenir de un partido va generando que ciertos jugadores tomen la camiseta de villano o héroe.

El primero que se me viene a la cabeza es el defensa de la selección italiana  de 2006 Marco Materazzi, ya el sólo nombre no puede estar más en directa relación con el papel que le toco jugar, en ese partido decisivo contra Francia el 2006, por la copa del mundo. Materazzi -apellido que suena muy cercano a “matadero” o “matador”-, que hacía las delicias defensivas del Calcio en el Inter de Milán, jugó a ser el malo. Decidió ayudar a su equipo haciendo el camino más corto, la chicana extra futbolística para Zinedine Zidane. Como si hubiera sido un jugador de Estudiantes de la Plata de los 70, Materazzi dispuso desconcentrar al jugador galo hablándole mal de la hermana, algo que descontroló a Zidane tanto como para mandarle un cabezazo en el pecho, que le costó la expulsión al francés, pero que fue de gran ayuda para el equipo italiano.

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Arjen Robben es otro de los que vistió la camiseta de villano, en su amplia capacidad de anotación y también en ciertas conductas que conforme fue pasando el campeonato mundial de 2014 en Brasil fuimos descubriendo; su exageración a la hora de caer en los fauls, más aún si estos ocurrían cerca del área chica contraria. Actitudes que son coronadas con la fabricación de un penal contra México, que el combinado azteca lloró como la peor afrenta que habían sufrido hasta ese momento en una cancha de fútbol.

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Los malos sin embargo tienen su yin yang,  pensemos en Jara y el mentado dedo a Edinson Cavani. Para nosotros el momento de pésimo fair play de Gonzalo Jara nos quedó en la retina como una travesura futbolística, Gonzalo paso a ser “Jarita” el de la avivada “a la uruguaya” dijeron varios comentaristas en televisión y radio. Y el milagroso dedo de Jara descolocó brutalmente a Cavani, de tal manera, que le pego una pequeña cachetada al defensa y el chileno aprovechó el momento de gloria teatral al caer, cuan largo era, en un desmayo instantáneo, en perfecta sincronía con el leve movimiento del uruguayo.  

La alegría de pasar a semifinales de la Copa América opacó por completo todo el problema referil de Gonzalo. Hace un par de años atrás una compañera uruguaya me comentó que parte de sus amigos estaban molestos porque iba continuar sus estudios de postgrado en Chile. La afrenta a Cavani seguía muy fresca en los corazones charrúas. Yo le dije que acá no paso de ser una humorada del jugador chileno, ella me explicó el dolor de parte de los orientales: “Edinson es un muchacho del interior, un tipo que se sabe que es buena persona, tranquilo, creo que es hasta cristiano, era el que menos se merecía esa avivada.”

golynumeros

Otro villano que ha pasado desapercibido con el paso del tiempo fue Luis Chavarría contra Enzo Francescoli en un partido por las clasificatorias a Francia 98 también contra Uruguay. Esa falta sacó de circulación a Francescoli lo que quedaba de partido y Chavarría sólo recibió una pequeña amarilla como castigo. Notable es la explicación que da el jugador chileno de ese momento: “Me acuerdo de esa jugada, bueno fue una pequeña caricia, hubiera sido una patada lo dejo no sé adónde, pero estaba  consiente que tenía que entrar a una jugada fuerte al príncipe, ya que usted sabe lo que es como jugador, y gracias  a Dios, salió lesionado en esa jugada importante para nosotros”. Letal y agradecido por su oportunidad.

Como contra cara los malos saben que en algún momento la vendetta caerá sobre ellos, en el instante más inesperado y de la forma más inmisericorde posible, siempre corren ese riesgo. Así le paso a Materazzi frente a Zlatan Ibrahimovic en el 2006, en un partido entre el Inter y la Juventus. Ibrahimovic padeció una falta – con visos de acto criminal-, de Materazzi que lo dejó fuera de las canchas por varios meses. Zlatan incluso fue compañero del italiano en el Inter por algunas temporadas, teniendo ambos una relación muy cordial, luego vinieron idas y venidas hasta que finalmente el sueco firma por el Milán. Y ocurrió un partido Milán- Inter, primero Marco le comete una falta a Ibrahimovic lo que se convierte en un penal a favor del Milán, pero luego vino el cruce fatal para el italiano, Zlatan hizo un movimiento de taekwondo –el otro deporte que él practica- y sin miramientos mando a Materazzi al hospital. Una venganza que fraguó en cuatro pacientes años.

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Los malos de la película

Olriviu: Rocket Cinema (2015) de Nader Cabezas, una atemporal travesía indie pop

Nader Cabezas (Curicó, 1977) es licenciado en letras por la UC y músico autodidacta, en 2015 publicó Rocket Cinema que es su quinta placa, el sólo nombre me recuerda a “Rocket man” de Elton John y a Cinema paradiso, pero cuando nos adentramos a su trabajo son otras las sonoridades con las que nos encontramos.

Se abre el disco con el track “Antes de tu voz” con  un pulso acelerado de una batería electrónica y un bajo, para luego pasar a las armonías de un sintetizador  y una guitarra rítmica que nos lleva a la sensación de persecución en tonos menores y mayores, se condice este pulso rápido con la frase de la canción “la sombra que se enciende corriendo por el fondo”. Con la pandemia algunas frases del tema toman una hondura más existencial como “vivo en las ruinas de una vida que desapareció”. En pleno covid esta frase es ahora la percepción social generalizada de que luego de que amaine esta agresión viral nuestra existencia ya no será la misma.

Khaled Juma escritor palestino

La segunda canción “Yellow lights” con lirica en inglés nos devuelve a un tranquilo 4/4, la batería, la  guitarra rítmica y los acordes de un piano comienzan a adentrarnos al tema, se suma un sintetizador, todo con melodías en tonos menores y aumentados lo que nos genera una alta sensación de melancolía. La letra en inglés que se ocupó para esta toma es la adaptación de un poema del escritor palestino Khaled Juma llamado “Oh rascal children of Gaza” (Oh niños traviesos de Gaza). Cuando se va al intertexto original de Juma -un poema a los niños palestinos asesinados por la ocupación militar israelí en la franja de Gaza- a la  melancolía se le suma una elevada dosis de dramatismo.

“Corriente Abajo” sigue en la tónica de “Yellow lights”, abre un piano eléctrico, se suman los sintetizadores, las baterías electrónicas y el bajo. En su momento esta canción fue single promocional del disco, y se entiende por el juego rítmico de las dos velocidades entre las estrofas, para entrar a esa frase puente que también actúa como coro: “vamos corriente abajo pero no puedo ver/es de noche y no quiero desaparecer”. La fuerza de la guitarra rítmica nos ayuda a mantenernos en el trance de ir efectivamente corriente abajo, dejándonos llevar por la fuerza de un rio imaginario musical. Esta es otra canción que por las circunstancias pandémicas parte de su lirica toma otro nivel de profundidad con liricas como esta: “nadie sabe con certeza si mañana vuelve a ver el sol.”

La cuarta toma “Gaza Beach” comienza con una voz humana con efectos especiales lo que la vuelven parecido a gritos de militares y la hacen tener un pequeño guiño con “Adolfo Benito Augusto Toribio” de Fulano. Aquí de nuevo se acelera el pulso de las baterías, acompaña el bajo y las armonías de los sintes, la guitarra eléctrica toma protagonismo como solista ya que es un instrumental. En este punto es evidente que Cabezas tiene una posición con respecto al conflicto palestino israelí y nos queda muy claro de qué lado está él, lo que hace que Rocket Cinema tenga también un costado político y ético que enriquece a la placa aún más. 

La quinta canción “La llave en el fuego” vuelve a un ritmo 4/4 en tono menor, esta canción nos devuelve a lo mejor de la new wave, encontramos ciertas reminiscencias de Duran Duran. Al montaje de batería electrónica, teclado, bajo y guitarra más la voz principal se le suma un coro en algunas partes que acentúa la añoranza.  La letra de la canción colabora con esa persistencia de la nostalgia: “Atravesando el valle sólo sigo tu voz en el rugido lejano del viento”.

El sexto track “Sueño Blanco” nos recuerda a algunos discos de Soda Stereo los de los 90 o quizá los primeros discos del Cerati solista, sobre todo por la guitarra trabajada como una capa más de sonido, por sus efectos. Toda la ambientación de la canción genera un efecto onírico mientras nos cuenta que: “Por el suelo la sangre de un viejo amigo” un sueño que por momentos tiene visos de pesadilla.    

“El silencio” tiene un tono más cercano a las influencias de The Smith o The Cure, un tiempo cuatro cuartos con un swing cercano al brit pop y con unas armonías que aumentan la idea de evocaciones de infancia, algo que se refuerza por la letra que acompaña a la melodía: “El niño juega en el pasillo /la luz revienta en su cara”.    

La octava canción “Por última vez” de nuevo se aceleran las pulsaciones, los riffs de guitarras vuelven a tomar el protagonismo seguido del bajo, un sintetizador y algo más en segundo plano otra guitarra rítmica. No es casual que dentro de la lírica aparezca la idea de lo ferroviario, el tema tiene esa pulsación, esa velocidad, así pregunta el hablante: “¿Dónde fue que te vi por última vez? / Corriendo para subir al mismo tren de siempre”. Sin embargo rememora también la idea de personas y vivencias que sólo permanecen en los pensamientos del hablante.

Cierra la placa con “Pirámide de Marte” que es otro instrumental, las sonoridades aquí juegan con la idea del viaje interestelar, el tema avanza con pulsaciones rápidas, lidera nuevamente la guitarra eléctrica, los adornos que hacen los teclados nos ayudan a pensar en la idea de este traslado espacial, fantasear con la imagen de en algún momento lograr aterrizar en Marte.   

Grabado, mezclado y masterizado en Morenoestudio Rocket Cinema con sus armonías y sonoridades es una placa que podría haber sido hecha hace 35 años atrás como también ayer o los justos 6 años que se cumplen de su aparición. Es por esta razón que consideramos que es una especie de indie pop atemporal de gran factura, que conforme pasa el tiempo, todo el trabajo ha adquirió un gran calado de madurez musical que nos sorprende gratamente.

Rocket Cinema puede ser escuchado en https://nadercabezas.bandcamp.com/album/rocket-cinema

Olriviu: Rocket Cinema (2015) de Nader Cabezas, una atemporal travesía indie pop

Por la libre: Risen, un thriller de la resurrección.

Eres un policía antimotines, o de la antigua legión extranjera, o un mercenario o capitán de un ejército, en un lugar de grandes conflictos armados, todos los días se lucha y hay muertos. Perdido en un infierno bélico, en medio de la nada, una de las obligaciones, además de tratar de pacificar la zona, es ejecutar a los terroristas rebeldes y enterrarlos en fosas comunes. Pero qué pasaría si desaparece el cuerpo de uno de los ejecutados, uno que ha causado varios problemas internos a la autoridad que administra la zona en disputa. Este es el argumento en clave de thriller policiaco que tiene Risen (2016), en español Resurrección, El resucitado o La resurrección de Cristo del director Kevin Reynolds. Aquí se representa la pasión, muerte y resurrección de Cristo vista por los ojos de un tribuno romano, aquel que tuvo “la mala” o “buena fortuna” de tener que supervisar la crucifixión, ejecución y entierro de Yeshua, un detenido y procesado por sedición, ya que se proclamó “rey de los judíos”.

Clavius Valerius –interpretado por Joseph Fiennes- es un tribuno romano destinado casi a los extramuros del Imperio Romano, allí realiza su trabajo de manera letal y eficaz, esperando que pase el tiempo adecuado, para que venga el ascenso, que lo saque de esa brutal zona de conflicto que era la antigua Palestina; administrada por los romanos, con un rey títere, puesto por la autoridad mayor, con autoridades locales religiosas judías, que aseguraban su posición de poder, dentro de un status quo, y en paralelo, con masas populares dispuestas a soliviantarse a la más mínima provocación imperial, azuzadas por los zelotas. Así las cosas, para Clavius cada día es un baño de sangre igual al otro, se puede ver un cansancio y hastío generalizado por parte del tribuno. Se suceden las muertes violentas de los insurgentes, de los compañeros y subalternos de Clavius. Todo es un gran marasmo marcial, donde una de las cosas más importantes para Clavius, Pilatos y el emperador es mantener, a toda costa, el control de todo lo que ocurre en los rincones del imperio.

Un día toca rematar a un tal Yeshua, un condenado a muerte en cruz por sedición, que ha provocado bastante alboroto dentro de la población declarándose “rey de los judíos” e “hijo de Dios”. Clavius supervisa los minutos finales del condenado, le da la orden a uno de los soldados para que le clave la lanza, y no le quiebre las piernas, mientras escucha el llanto de la madre del condenado, y ordena que la hagan callar. También ve como uno de los centuriones declara que ese condenado era inocente y lo reprende por aquel comentario.

El poder político se expresa en los miembros del Sanedrín, que le piden al procurador romano Pilatos, que se refuerce y selle la tumba de Yeshua- que fue cedida por un tal José de Arimatea, también miembro del Sanedrín- puesto que hay rumores de que los seguidores del ejecutado roben el cuerpo, para fines de desestabilización política. Otra vez Clavius tiene que supervisar que la tumba esté en orden y sellar la entrada, para asegurarse que nada extraño ocurra. Y sobrevino el hecho que da fundamento al cristianismo hasta el día de hoy. Pero ahí está la genialidad de Reynolds, porque estamos dentro de la cabeza de un ciudadano romano, que está desarrollando su carrera militar, con mucha efectividad, con vistas de volver a Roma y disfrutar de esos logros. Un tipo que le hace sacrificios al dios Marte y lo nombra en batalla. Y que en ese momento pertenece al imperio  más poderoso del mundo. En ese contexto, evidentemente, la resurrección de alguien está fuera de cualquier posibilidad.

Y aquí el filme entra de lleno al formato del thriller policial; se empieza la búsqueda de los testigos, se hacen indagatorias, se arresta a cualquier sospechoso de conocer al ejecutado. La línea de investigación de Clavius es la misma que tiene el Sanedrín: los seguidores de Yeshua robaron el cuerpo y están esparciendo la noticia de su resurrección, para levantar al resto del pueblo en contra de la ocupación romana. Pero todo se vuelve muy difícil de aprehender para poder armar el rompecabezas de la desaparición del cuerpo, los testigos dan respuestas muy vagas. Una ciega asegura “me amaba y me levantaba”. Notable es parte del interrogatorio que se le hace a María Magdalena:

María Magdalena:      Él está aquí.

Clavius:                      ¿Es un fantasma? ¿Un espectro? ¿Está vivo de nuevo?

María Magdalena:      Abrá su corazón y lo verá.

Clavius:                       Veo un engaño para mantener viva una cruzada. Podría hacerte hablar, por la fuerza, matarte en segundos.

María Magdalena:      Eso no importa.

Clavius:                      Una mártir.

María Magdalena:      No.

Clavius:                      Entrégame a los demás y te dejare libre.

María Magdalena:      Yo ya soy libre.

Logramos entrar en el desconcierto de Clavius por estas frases, aparentemente sin sentido, que dicen los testigos que conocieron al Nazareno. Frases que, por su tenor, nosotros sabemos que son una pre configuración del discurso cristiano y evangelizador. Clavius sigue con las pesquisas día y noche, hasta que en una especie de redada, es él mismo, al abrir una puerta en un barrio humilde, que se encuentra cara a cara con Cristo resucitado. Sobre sale en esta escena la actuación de Fiennes en donde se ve al personaje en una toma a contra luz, luego se ven los pies de Clavius retrocediendo, más el efecto sonoro del eco, que genera la sensación de que todo está muy lejos, percepción producida, en general, cuando se vive una fuerte conmoción sicológica. En un primer plano en contrapicado, vemos la cara de desconcierto de Clavius, cuando es el mismo Cristo quien lo invita a pasar. Se puede ver en la mirada del personaje el desmoronamiento de todo un marco referencial que lo circundaba y le daba una explicación de sí, situación que se ve reforzada por la imagen de la espada, que se cae de la mano del tribuno. Vemos a Clavius sobrecogido, apoyado y luego sentado en el suelo, contra  la pared, observando una reunión del Resucitado y los 11 apóstoles.

Aquí el thriller policial hace una contorción, y nos parece que el resto de la película es una gran metáfora del impacto de Cristo en la vida de una persona. En donde, con tan sólo acercarse a la figura del Mesías, implica un cambio en el fuero interno de la persona que se encuentre con él, así pasa con Clavius, que de ser perseguidor de los discípulos- a la manera de Pablo- lo encontramos devenido en un duodécimo apóstol “transitorio”, ayudando a los 11 que quedan, para que lleguen a Jerusalén sanos y salvos para volver a encontrarse con su Señor. Es en ese camino, con Pedro y con Bernabé, que Clavius conversa sobre este acontecer; la resurrección, si verdaderamente creían en eso y del porqué de este  rey resucitado, tan alejado del poder político. Se puede observar como el personaje trata de entender, incorporando nuevos parámetros, la situación de Jesús y de los 11 que lo acompañaban.

Bella es la alegoría del “encuentro personal con Cristo”, que en esta película se ve representada en un dialogo, en medio de la noche, que finalmente logran tener Clavius y el Nazareno:

Clavius:                                  No puedo conciliar todo esto con el mundo que conozco.

Cristo:                                     Lo has visto con tus propios ojos y aun así dudas […]. ¿Qué te asusta?

Clavius:                                   Equivocarme, jugarme la eternidad en ello.

[…]

Clavius:                                  Yo estuve ahí cuando moriste. Colaboré.

Cristo:                                     Lo sé. ¿Qué es lo que buscas Clavius? ¿Certeza? ¿Paz? ¿Un día sin muerte?

Con las últimas frases de Cristo, Clavius entiende que el Resucitado siempre lo conoció, que hay algo sobrenatural en todo ello, puesto que ocupa las palabras que él mismo dijo a su jefe, sobre las cosas que esperaba, en un futuro, para su carrera. En donde “la paz” y “un día sin muerte”, en pleno campo de batalla, se volvieron anhelos profundos, dentro del distanciado y duro corazón del tribuno. Cristo logra llegar personalmente al mundo interno de Clavius, es ahí donde las resistencias se acaban, se comienza a creer y a confiar en el Nazareno, lo que provoca un cambio radical en la vida de los que lo conocen a ese nivel. Así paso con los apóstoles, que dejaron sus trabajos y oficios para seguir a su Mesías, y así vemos que está empezando a acontecer con Clavius, que de perseguidor de los apóstoles devino ayudista y posible discípulo de los mismos. Los creyentes hablan de este “encuentro personal con Cristo”, en donde el Resucitado deja de ser una idea abstracta o parte de un libro, para pasar a ser una persona, que los ha marcado profundamente. Es la experiencia vital que tienen en común la gran mayoría de los santos católicos, así como los más celebres cristianos protestantes. Al parecer, la cristiandad toda mejoraría si se multiplicaran los Clavius dentro de sus feligresías y cúpulas.   

Risen de Raynolds se emparenta con la película El manto sagrado (1953) dirigida por Henry Koster. Se podría decir que el filme del 2016, es una actualización de la conversión de un romano al naciente cristianismo. Puesto que, la película del ’53, es un drama épico histórico, con miles de extras y mucha exuberancia hollywodense, mientras que Risen deja de lado esas ostentaciones, para centrarse en la experiencia personal y sicológica de Clavius con Yeshua.  En el caso de El manto sagrado Marcellus-interpretado por un joven Richard Burton-es el tribuno que supervisa la muerte de Cristo y cuando los soldados se juegan las ropas del condenado, es él quien se gana la túnica, estos dos hechos azarosos lo llevaran a su propio camino de conversión.        

Por la libre: Risen, un thriller de la resurrección.

Los problemas de volar

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Hay gente que de manera no forzada le gusta mucho viajar al extranjero, le parece que es un gran momento de expansión y aventura, algo que les ayudara a transitar nuevas experiencias y que además atesoraran como un bello recuerdo digitalizado. No es mi caso, al igual que Pedro Mairal cada vez que me subo a un avión pienso que se va a caer, que esta es la última vez que mi familia me despide con vida en el aeropuerto. Otra cosa es ese lugar, el aeropuerto, que me parece el edificio que mejor define al postcapitalismo en estado puro, incluso más que los bancos. Es una mole enorme de concreto y que en el interior tiene una zona comercial de duty free que se siente como un refrigerador, pero antes hay que pasar por el grado cero de la actual clasificación humana; migración. En una pasada se juega la economía y la extranjería por unos pasillos.

Lo otro es el tipo de viaje que decides hacer; si es con escalas es pasar por gigantes de concreto iguales a los que dejaste en tu país natal. Los aeropuertos como  los malls se parecen en todo el mundo, son un loop arquitectónico pesadillesco, en donde son muy pocas las cosas que te ayudan a saber si estas en Quito, Bogotá, Buenos Aires o Tel Aviv. Si por el contrario viajas de corrido son 5 o 7 horas en clase turista, sientes que se te agarrotan los músculos, a veces percibiendo las mentadas turbulencias, que son como pasar por caminos de ripio pero en el aire. Una cosa que me da mucha risa son las instrucciones de seguridad, las miro con mucho respeto, atención y silencio, pero es tan obvio que si el avión se estrella o se cae al mar ni siquiera nos daremos cuenta de ello, y simplemente seremos comida para peces o coyotes.

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Si logro llegar con vida al lugar de destino, pues la verdad que no comienza la aventura turística, elegí una profesión que por obligación al menos una vez al año se debe viajar para asistir algún congreso internacional en alguna universidad a hablar de literatura. Y como además mis padres me inocularon la ética del trabajo- con visos casi puritanos-, yo trato de participar lo que más se pueda en los 3 o 4 días de congreso, en las distintas mesas redondas y exposiciones que hay. He podido ver a otros conferencistas que llegan directo a su ponencia y una vez terminada hacen la gran Houdini y comienza el recorrido turístico.

Saquemos cuentas; 3 o 4 días de congreso por 7 días destinados a viaje, quedan unos dos o tres  días que una tiene toda la intención de emplear para conocer algo de Bogotá, algo de Quito, algo de Montevideo, algo, pero al final se destina para lo de siempre; comprar libros que no están en Santiago y lograr adquirir el sentido de la ubicación en la nueva ciudad. Eso sin contar si es que no te agarraste algún problema gástrico, puesto que la estadía tendrá mucho de drama y miserabilidad, me parece que no hay nada más depresivo que estar enfermo en una pieza de hotel.

Foto de Asad Photo Maldives en Pexels

Los paquetes turísticos son otra cosa que me destruye; 7 días 6 noches en algún lugar del Caribe es finalmente conocer un resort -otro ítem de arquitectura degradada por el capitalismo tardío- a las orillas de un mar, viviendo sólo entre turistas y conociendo a los lugareños convertidos en mozos o mucamas, como vivir un comercial de Kempiña por una semana. Dónde se van las platas de esta actividad es algo que siempre me he preguntado. No hablaré aquí de los cruceros que me parecen centros comerciales y casinos flotantes.   

Una vez leí que los verdaderos viajes se hacen por tierra, que volar en avión no era viajar. Y debe tener algo de sentido, el trayecto hacia tu destino final es algo que te va conectando con la travesía misma, me paso hace un tiempo atrás, cuando viaje al sur con una amiga en auto. Hay algo del tiempo y el transitar por los  lugares que se va incorporando a tu vivencia. El avión te roba eso, su inmediatez te arrebata el proceso del desplazamiento. Es un pirata que en poco tiempo te deja sola y desarraigada en el lugar de aterrizaje. 

Foto de Lucas Pezeta en Pexels

  

Los problemas de volar

Olriviu: Caluga o menta, 30 años después.

A veces el exceso de novedad nos agobia, desorienta y encandila. Necesitad@s de brújula volvemos a las cosas ya leídas, ya vistas, ya escuchadas. De esta forma nace la sección de “Olriviu” y la iniciamos con una revisión de Caluga o menta de Gonzalo Justiniano a 30 años de su estreno en las salas nacionales.  

En 1998 Héctor Soto señaló de Caluga o menta: “[la] realización funcionaba bien como indagación en las disociaciones del Lumpen.”[1] Y es posible ver esa intención de Justiniano dentro del filme. Al iniciar la película se deja ver una leyenda de letras blancas sobre fondo negro  que en la actualidad genera una fuerte impresión: “a fines de los años ’80  uno de cada tres jóvenes chilenos entraba en la categoría de lo que comúnmente llamamos marginales.” Con esta premisa casi sociológica se inaugura el relato del filme.

Sin embargo nos parece necesario puntualizar aquí qué tipo de marginalidad juvenil estaba siendo representada, era la juventud de la periferia en las postrimerías de la dictadura. En barrios alojados en los extramuros del gran Santiago, golpeados por las crisis economías y la violencia policial. Así empieza la película con un plano general en un peladero, allegado a unos blocks sociales, todo en tonos café se ve a cuatro amigos entre ruedas de camión, sillones desvencijados y sillas de playa viejas. Nos parece un paisaje lunar, la arena nos hace recordar a un planeta fuera de la tierra; unos duermen al sol otro inhalan neopren en una bolsa, atrapados en un especie de loop temporal.

La historia es la del joven Niki (Mauricio Vega) y la de su grupo de amigos que viven en la población Santa Olga en lo Espejo. Ahí transitan sus días entre el peladero, fumar mariguana o aspirar pastillas, tratar de divertirse en las noches y cometiendo delitos menores para conseguir dinero. El personaje de Niki podríamos decir que habita en el límite de esa marginalidad puesto que comparte esas vivencias de sus amigos, pero también trabaja de mecánico en un taller.

Uno de los amigos más cercanos a Niki es Nacho, actuado por un joven Algo Parodi y es el organizador de las actividades ilícitas que vemos se desarrollan dentro de la película. Robos dentro de casas y traficar con algún tipo de droga. Nacho también tiene una relación homosexual con un pintor mayor, no queda claro si es a cambio de dinero o de víveres. El fin violento de Nacho percibimos que está a la vuelta de la esquina.

Hay un dialogo muy irónico entre los cuatro jóvenes y unas autoridades que deciden ir al peladero donde están porque van poner áreas verdes alrededor de los blocks. La autoridad promete ayuda comunal, pero los cuatro amigos descreen de esa parafernalia democrática, intuyen que los vienen a visitar porque quieren algo de ellos, posiblemente el voto en las futuras elecciones.

Si bien el filme en algunos aspectos se ha sostenido de manera bastante digna, nos parece que en la construcción de personajes femeninos quedo al debe y el paso del tiempo sólo acrecienta esa deficiencia. A nuestro entender  el personaje femenino mejor logrado y más verosímil es el de la madre de Niki interpretado magistralmente por Myriam Palacios. Se la puede ver orbitando siempre desde la cocina, las manos en el agua o preparando algún alimento, tratando de darle consejos de supervivencia a su hijo: “yo te he dicho otras veces, si vienen esos hueones a ofrecernos algo tenemos que decir que sí, […], si nos ofrecen pasto, pasto queremos, bicicleta, bicicleta le queremos, citroneta, citroneta le queremos, ni hueones que fuéramos.” La escena de Niki rompiendo su relación con La negra se ve bastante agresiva bajo el prisma actual de sensibilidad feminista, pero queda como buen dato documental de la representación de la violencia contra la mujer en esa época.

Justiniano trató la historia del joven mecánico y sus amigos como un relato atemporal, con cierto carácter mítico o de fábula, sin embargo 30 años después se ve mucho más clara la alegoría de la nueva entrada a la década de los 90. En la escena final vemos al personaje principal de terno y con un maletín negro, con una gran cantidad de metálico conseguido en su último tráfico de mariguana, bajándose del auto en donde agoniza mortalmente de un balazo Manuela, su última pareja, para caminar por una carretera perdida del norte de Chile, en búsqueda de un auto que lo saque de allí. Nos parece que es una escena que inaugura al nuevo hombre chileno de los 90, ese que finalmente quiere con la ayuda del dinero conseguir el éxito y salvarse solo, alejándose así de sus afectos y su comunidad.


[1] Héctor Soto, Una vida critica. 40 años de cinefilia (Santiago: Epicentro Aguilar, 2007), p315.

Olriviu: Caluga o menta, 30 años después.

Por la libre: Cuaderno Obrero de César Cabello, una cartografía del despojo

Cuaderno Obrero es el sexto poemario de César Cabello, una autoedición que vio la luz en el medio digital Letras.s5 el 2019. Estos 51 poemas transitan por distintos lugares, en donde es posible ver las zonas de despojo, que aun existen en la República de Chile. En la primera sección titulada “Construirse una casa” en diferentes poemas nos sitúa en los parajes que recorre una voz proletaria. Se muestra la actividad de un obrero en la ampliación de su casa dentro de la población: “[…] Tres carretillas hondas te pesan las manos / y los brazos se te rompen con el abuso de las piedras / Aunque la pared deberá secar / y tus huesos alienarse en el descanso.”(6). Los recuerdos de una voz que se reconoce de extracto popular: “Mi casa de infancia. / El cerco de madera atravesado por gatos callejeros / que venían en busca de comida.”(11).

Campamento popular Cardenal Juan Fco. Fresno, Santiago, julio de 1984.

En esta sección aparece la relación con el trabajo de las clases proletarias: “Yo caminaba por la sala de la fábrica. / Crecí en la perspectiva del hierro. /  Fui el ritmo de la maquinaria, /  la lírica obrera, los golpes de martillo” (13). Que también. con el paso del tiempo, esta conexión entre la clase obrera y el trabajo se ve degradada, menoscabando las posibilidades de la misma clase trabajadora: “Pienso en esto, sentado frente al polígono fabril / donde se construían las locomotoras / y que hoy albergan las bodegas / de un supermercado” (14). Fabricas que acogían a obreros construyendo trenes, que después de un cambio económico radical, terminan habitando esos mismos lugares convertidos en bodegas para el comercio y ellos en reponedores.

Fotos del blog https://fotografiasanlucas.wordpress.com/

En esta sección aparece la relación con el trabajo de las clases populares: “Yo caminaba por la sala de la fábrica. / Crecí en la perspectiva del hierro. /  Fui el ritmo de la maquinaria, /  la lírica obrera, los golpes de martillo” (13). Que también con el paso del tiempo esta conexión entre la clase obrera y el trabajo se ve degradada menoscabando asimismo las posibilidades de  la clase trabajadora: “Pienso en esto, sentado frente al polígono fabril / donde se construían las locomotoras / y que hoy albergan las bodegas / de un supermercado” (14). Fabricas que acogían a obreros construyendo trenes, que después de un cambio económico radical terminan habitando esos mismos lugares convertidos en bodegas para el comercio y ellos en reponedores.

Fotos del blog https://fotografiasanlucas.wordpress.com/

La segunda parte titulada “Población Sta. Olga, Lo Espejo” la cartografía se afina mucho más, ya no es un lugar en el extramuros de Santiago sino una población especifica; La Santa Olga ubicada en la comuna de lo Espejo. El barrio fue emplazado en lo que fueran los terrenos del Fundo Lo Sierra. Después del golpe militar -el 16 de septiembre de 1973- los pobladores encontraron el cuerpo de Víctor Jara en la orilla de la vía férrea Santiago-Pto. Montt. La impronta política se puede ver en estos versos: “Celebro al homo faber, / a las dirigentes del comité Sta. Olga de Kiev / y al político desconocido que, sin pedir nada a cambio, / convenció al propietario de esos manzanares /para que firmara la expropiación.” (17).

Se describen también a personajes como el pintor de brocha gorda Pedro Rafael Hidalgo que sentía vergüenza de ser un obrero y salía trabajar de terno todas las mañanas. O la condición de un trabajador cesante ansioso ante la posibilidad de una nueva colocación en mucho tiempo: “Es entonces cuando adviertes /  que han pasado cuatro años / desde tu último empleo / y no sabes si estarás listo.” (24). En este punto, sin embargo, vemos como lentamente los personajes y las voces que van apareciendo en esta segunda sección se van envileciendo por la precaria situación que se vivió en la época de la dictadura: “Fui parido en medio de un ajuste de cuentas. / El control de la natalidad estuvo a cargo de los militares /  y de sus viudas, quienes nos obligaron /  a quedarnos detrás de la nube del progreso.” (27).

La tercera parte llamada “El hombre culpable” Cabello metaforiza otra zona de expoliación que podríamos decir está ligada con la segunda, puesto que en su gran mayoría son jóvenes que viven en las poblaciones los caen en el delito, acorralados por la falta de recursos y vidas complejas, ceden al entorno que es el pasadizo final hacia la cárcel: “No todos tuvimos la protección del pájaro, /  a algunos de nosotros nos fue dado un cerdo, /  una madre alcohólica y un revólver./ La balanza inclinada/ hacia un solo /lado de la justicia.” (56). Una vez dentro del sistema carcelario sólo se sigue experimentando más del horror y la vulnerabilidad por la culpa que deben pagar: “No se nos permite llorar. Nuestras familias reciben de nosotros / llamadas desde los teléfonos que no requisa Gendarmería: / ¡Aló! Estamos bien. A un compañero de la torre cuatro, /  la de primerizos, lo encontraron muerto en el baño. / Las razones se omiten, […]. Nadie sabe lo que pasó.” (52).

| / Agencia Uno

En el régimen de internación se entra en una selva de violencia y agresiones: “En una esquina de la celda alguien llora. / Fue violado. No tiene a nadie que lo consuele.”(45). Las relaciones homosexuales son moneda de cambio para la demostración de poder y la subsistencia de los reos dentro del penal: “Porque la Ley natural es anterior a la Ley del hombre / y la masculinidad es la carne que se entrega en sacrificio / cuando no hay nada que ofrecer.”(55). Los gendarmes son otros personajes que controlan esta área de vulneración y son altamente despreciados por el penal: “Están del lado de los cerdos y de los capataces, / de los dictadores y de los árbitros de fútbol. / […] Pero no pasa nada con estos conchasdesumadre.” (48)

Crédito de foto: Rukas mapuche en la ciudad

La cuarta parte llamada “Crónica de Frontera” comienza con una historia que hace referencia a lo que un grupo mayoritario de mapuches vivió en su traslado, desde la zona sur de Chile a la Capital, ubicándose justamente en los extramuros de la ciudad, en las poblaciones que colindan al gran Santiago. No obstante siempre hay recuerdos de la tierra que quedo atrás: “No hay que ir muy lejos para darse cuenta / de que la ciudad de Temuco tiene otro peso en el ojo. / Ni hay que ser un prestidigitador para saber que el alma / posee los colores de la sombra.”(71). Otra voz describe la situación legal del pueblo mapuche y la condición en que vivieron alguno de sus hermanos: “Conozco un pueblo perseguido / por el Consejo de Defensa del Estado / y al menor de los Peñan, que hasta los doce años / todavía pensaba que era chileno.”(75).

Después de la revuelta social del 18 de Octubre de 2019 la lectura de Cuaderno Obrero aumenta sus prismas de análisis, puesto que a nuestro entender, muestra metafóricamente los síntomas que antecedieron al levantamiento social. Dejando claro que hace 30 años que las manifestaciones culturales dejaban al desnudo un malestar social que se venía incubando, desde los mismos inicios de la recuperación de la democracia.  

Cuadernos Obrero está disponible en: http://www.letras.mysite.com/cuadernoobrero.pdf

Por la libre: Cuaderno Obrero de César Cabello, una cartografía del despojo

El señor de los 100 voltios

A mí me gusta Gilbert Bécaud y lo digo en presente porque la admiración artística no acaba con la muerte. Le decían el señor de los 100 voltios, por ser altamente temperamental, lo suficiente como para tocar tan fuerte los pianos hasta estropearlos en pleno concierto. Las canciones de Bécaud me llevan directo a mi primera y segunda infancia, a hallullas tostadas con  mantequilla y té con leche. A mi madre eternamente limpiando la cocina el día sábado, en la mañana, después de otra jornada laboral semanal, mientras como sordo murmullo despunta una tímida democracia protegida en Chile. Mi mamá dejando la radio en las emisoras am  en las que daban canciones de otros países como Francia, Italia o el Brasil, haciendo el aguante en contra de la invasión de música en inglés en la que yo crecí

Revista italiana Radiocorriere

En ese micro mundo Gilbert era parte de las estrellas rutilantes que conocí de muy pequeña y también me encanté con uno de sus hits Nathalie, esa historia tan sonsa como cautivadora del joven francés que va a Moscú y queda medio enamorado de la guía turística. Ahora que la vuelvo a escuchar es una canción perfecta para niños, con su ritmo acompasado, en tono menor que imita el folclor ruso. Gilbert Bécaud a los 9 años entró al conservatorio donde estudió piano, durante la Segunda Guerra Mundial se ganó la vida tocando en bares de París, ahí tomo el seudónimo del apellido de su padrastro Bécaud. En las grabaciones se le puede ver siempre impecable de traje y una corbata con puntos. Un amuleto que creó después de conseguir el primer trabajo como pianista, una vez que su madre le coció una corbata con un retazo de uno de sus vestidos.

Con 400 canciones a su haber, Gilbert Bécaud es uno de los padres y cultores de la canción francesa, con composiciones que se hicieron famosas a nivel mundial como Et maintenant, una canción que está claramente influenciada por el Bolero de Ravel, versionada en inglés por Judy Garland o Frank Sinatra o C’est en septembre cantada por Neil Diamond. También tiene canciones que están envueltas por algún tipo de polémica como  L’important c’est la rose una canción que aunque muy alegre, en tonos mayores, habla crípticamente de que “lo importante es la rosa”, generando en parte del público la idea de que Bécaud podría haber estado vinculado a la secta de los Rosa Cruz.

DR

Gilbert vino a Chile en el 80, año imposible por la oscuridad de toda índole que azolaba al país. Pero ahí está la grabación para testificar lo que parece ser improbable. El concierto se hizo en el cine Astor de Santiago y fue grabado con los equipos de Canal 13. Se le ve de 53 años, enfundado en un traje color azul y su impajaritable corbata obscura con lunares blancos. El cabello algo crecido y despeinado y con su sobre excitación característica arriba del escenario, entregando todos los voltios que tenía dentro de sí. La interpretación de Et maintenant es perfecta, ofreciendo todo el dramatismo de la impotencia del amante dejado. Al público se le puede ver rendido a la performance del francés, levantando las manos lo más que pueden para aplaudir a rabiar cada una de las canciones. 

Como en otras ocasiones me demore en saber cómo era físicamente Gilbert Bécaud, por mucho  tiempo para mí fue sólo una voz rasposa de un barítono, que medio cantaba y medio recitaba sus canciones. Cuando vi una especie de video clip de Nathalie del 64, que grabó el francés durante su visita a la URSS, mi sorpresa fue total, era un hombre moreno de nariz aguileña, ojos expresivos y mandíbula marcada, que le guiña el ojo a una cámara  mientras mira al sol, su nivel de carisma era apabullante. Su atractivo permaneció intacto a pesar del paso del tiempo junto con ser un fumador compulsivo, lo que le trajo como consecuencia un cáncer de pulmón que le produjo la muerte en 2001. Este año se cumplen 20 años de su partida, pero es indesmentible que el paso del tiempo en nada ha mermado el magnetismo de su voz y la belleza de sus canciones.

El señor de los 100 voltios

Por la libre: Caín 1920 (2020) un presente desde el pasado

Caín 1920 es un proyecto que fue publicado para libre descarga a finales de 2020, se puede entender esta obra dentro de variadas que salieron como una respuesta o consecuencia a la revuelta social comenzada el 18 de Octubre de 2019. En el caso de este texto publicado por Editorial Virus el foco está exclusivamente centrado en la violencia policial. Para esto se creó una especie de montaje o instalación escritural, Gastón Carrasco seleccionó textos de los escritores José Santos González Vera y Manuel Rojas. Caro Lagos diseño el arte que acompaña la publicación, el cual está compuesto de collages y dibujos de Maxi Andrade que remiten a las fotos periodísticas de la revuelta que evidenciaron el abuso policial más explícito.

Como señala Carrasco en la introducción al texto la premisa es simple “1920 es peligrosamente parecido a 2020. Digo peligrosamente porque terminó en muertes en los años siguientes […] Han pasado 100 años y la violencia estatal sobre los ciudadanos, no siempre sujetos a derecho, se mantiene.” (p5). Era el período del primer gobierno de Alessandri, un gobierno de corte liberal que debía reactivar la economía, como también aumentar los niveles de protección social en las capas trabajadoras y medias. Algo que a la larga no se pudo lograr y en 1924 se produjo una crisis política en donde los militares se hicieron con el poder.  

En este contexto Caín 1920 es una invitación a contemplar el presente de la violencia policial además de su genealogía de 100 años atrás, así por ejemplo González Vera hace una radiografía social perfecta del contingente de vigilantes : “Esa raza plebeya / que marcha hacia los campos de batalla / a matar a sus hermanos de miseria” (p8). La representación de sujetos populares que una vez graduados de policías arremeten contra sus hermanos de clase es algo que el poeta José González ya detectaba con total claridad.

Los textos escogidos también tienen un marcado carácter anti militarista y pacifista: “El militarismo es la degradación de los humanos y el engendro de Caínes.” (p11). Esta es la metáfora bíblica que permea todo el texto. La historia del parricidio de Abel en manos de su propio hermano Caín. Que además, una vez que Caín asesina a su hermano en el campo, trata de desaparecer el cuerpo, es Dios quien le asegura a Caín: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”[1]

Víctimas de la masacre de Ranquil.

Las descripciones de la violencia policial se pueden ver calcadas en su eficacia pero con variantes de época: “La policía, aburrida con los continuos mítines que realizaba esta Liga, y no teniendo medios más inteligentes para detenerla y contrarrestarla que los garrotes y los caballos, en varias ocasiones garroteó a los manifestantes y los dispersó a caballazos.” (p17). Si bien hoy se recurre a carros lanza agua de última generación, la lógica represiva sigue siendo la misma. Debemos decir aquí, sin embargo, que las fuerzas policiales siempre han oficiado de peones para el poder político de turno, como primer dique de contención estatal de las protestas sociales.

La despersonalización de ambos bandos; manifestantes y carabineros por parte de los gobernantes al mando es algo que observa Manuel Rojas. Una situación que debe ocurrir, de lo contrario se generaría una desestabilización de las relaciones establecidas: “Nos consideraba, y consideraría a todo el mundo, como abstracciones y no como realidades; un policía era un policía y un detenido era un detenido, es decir, sustantivos y adjetivos, y cuando por casualidad llegaba a darse cuenta de que eran, además, seres humanos, sufriría un gran disgusto.” (p20)

Se puede comprobar en el texto que los montajes policiales también son de larga data dentro de nuestra historia de los movimientos sociales en Chile, mantienen también las mismas lógicas de aplicación; toda la organización social sabe quién los comete para qué fines y cómo estos hechos de carácter delictual quedan sin sanción penal, mostrando las fisuras del sistema judicial: “Alfonso Bulnes, Parada, Parker, Gueratti, Cristo, Robinson, Barceló Lira, Guzmán, Román, Torres y otros funcionarios civiles, militares y policiales que incendiaron la Casa Obrera de Magallanes, viven en libertad. He aquí la igualdad ante la ley.” (p21). Aquí también la PDI hace atentados para inculpar a otros: “La Policía de Investigaciones hizo lo que ha hecho muchas veces: urdió un complot terrorista, con cartuchos de dinamita y todo, y lo colocó en la I.W.W. Están presos todos.” (p29)

Iván Alvarado / Reuters

Gastón Carrasco en su introducción señala lo peligroso que fue 1920 y los años que vinieron y que culminaron con la creación de la constitución de 1925. Si bien hubieron un sin número de obreros y estudiantes tras las rejas, también existieron asesinatos por parte de las fuerzas represivas de la época. En ese tiempo el deceso que tuvo gran impacto mediático fue el del poeta José Domingo Gómez Rojas, llamado el poeta cohete, hecho ocurrido en la Casa de Orates por tuberculosis, después de sufrir torturas en la Cárcel de Santiago. Testigos aseguran que cerca de mil personas fueron a despedir al escritor. En tiempos de gallito fácil, de controles preventivos de identidad con sesgo clasista y racista leer Caín 1920 sitúa el actuar de las policías en Chile dentro de una maquinaria mayor gubernamental, en donde la razón de estado pareciese ser un férreo status quo que impida cualquier tipo de mejora en las condiciones de vida de las clases populares y de los trabajadores en general.

Caín 1920 puede ser descargado en  http://www.editorialvirus.cl/2020/12/31/cain-1920/


[1] Génesis 4, 10.

Por la libre: Caín 1920 (2020) un presente desde el pasado

Bill Evans, el pintor de la armonía

Una tarde cuando yo trataba infructuosamente de entrar al tono del puente de “Round Midnight” en la versión que cantaba la genial Carmen McRae, como para darme un recreo de ese ejercicio que no estaba resultando, le pregunte, al pasar, a mi profesor de canto “¿Cuál es su pianista favorito?”, la sala se llenó de un respetuoso silencio y mi profesor dijo solemnemente y con voz algo queda “Bill Evans”. Me llamo la atención el microcosmos sagrado que se formó en torno a la respuesta de mi pregunta.

Y es que el pianista Bill Evans pertenece al parnaso de leyendas del jazz estadounidense. Pieza fundamental del disco de Miles Davis Kind of Blue, el mismo Davis dijo muchas veces que el trabajo se hizo en torno al piano de Evans. El nacido en Plainfield también ayudo a solidificar en la década del 60 y 70 el formato de trio; batería, contrabajo y piano para conciertos o grabaciones. Pero en donde bajo y percusión se liberan de la sola obligación de acompañar al teclado, abriendo una gama de posibilidades melódicas y musicales.

Evans estudio flauta y piano clásico en la Universidad de Southeastern Louisiana. Es por esto que es posible escuchar en sus ejecuciones influencias de la música impresionista francesa clásica, Debussy, Satie y Ravel entre otros, se escuchan en su paleta sónica, como un pintar impresionista del jazz. Se escuchan los trazos armónicos, las grandes marcas sonoras que evocan la melodía central, pero siempre moviéndose modalmente en novenas e inclusive undécimas, ocupando mucho legato y generando esta sensación de rubato, una pequeña lentitud en su suave ejecución. Bill Evans estableció una forma de tocar el jazz que luego de él, se volvió la norma para la mayoría de los pianistas.

LEBRECHT GALLERY

La primera vez que vi un video de Bill Evans por internet, sentí que una alta dosis de melancolía me impactaba de lleno, fue la versión de “My foolish heart” en la grabación en blanco y negro, se le puede ver muy delgado y algo desgarbado, en un riguroso traje de terno y corbata, con un peinado a la gomina casi escolar y sus impresionantes gafas de carey oscuro. Se pueden observar sus manos enormes sobre el teclado, pero lo que más impresionó es como Evans esta encorvado sobre su piano, con los ojos a veces cerrados otras parpadeando semi abiertos, tocando sin ver las teclas, como si mientras está al piano es el instrumento quien lo sostiene, el que lo ayuda a sobre llevar ese mar de nostalgia que él mismo crea sobre las teclas.

Recuerdo lo que me comento mi profesor, confeso admirador del pianista norteamericano: “A Evans le dolía la vida, era un alma muy sensible, frágil”. Ted Gioia en su Historia del Jazz hace un trazo de la personalidad de Evans, señalando que era introvertido y suave en su forma de hablar y también algo sentimental, por lo que su colaboración con Miles Davis duro cortos 8 meses. El pianista después comento que se sentía física, sicológica y espiritualmente agotado trabajando con el trompetista.

Portada del disco Sunday at the Village Vanguard de 1961

Luego de su paso por la banda de Miles Davis decide formar su propio trío junto a otros dos jóvenes músicos; Scott La Faro en bajo y Paul Motian en batería. Graban un disco en vivo llamado Bill Evans trio Sunday at the Village Vanguard, once días después de esta señera grabación La Faro muere dramáticamente en un accidente automovilístico a la edad de 25 años. Luego del fallecimiento del bajista Evans salió de circulación por un año, muchos dicen que afectado por la muerte de su amigo. Siendo un alma emotiva y debiendo afrontar pérdidas tan sensibles, no solo la de La Faro, sino que también el suicidio de su propio hermano y el de su mujer, cuando supo las intenciones del músico de divorciarse de ella. Evans fue uno de los que cedió al consumo de drogas; cocaína y heroína, sin embargo también vivió periodos libre de estupefacientes.

GETTY IMAGES

 Los últimos años de vida de Bill Evans están cargados de grandes actuaciones alrededor del mundo, al mismo tiempo que su propia audiencia, tras cada concierto, se daba cuenta que quizás esa podría ser la última presentación. Se le puede ver en algunas grabaciones con las manos hinchadas, producto de una deficiencia hepática, que comienza arrastrar como resultado de la adicción. Lo que no le dificultaba que su trabajo al piano siguiera siendo brillante. Sin embargo, ocurre lo inevitable, el 15 de Septiembre de 1980 en la ciudad de Nueva York muere Bill Evans a causa de una hemorragia interna a la edad de 51 años. Nos quedan las cientos de grabaciones fílmicas y sonoras en donde podemos seguir apreciando y disfrutando a uno de los pianistas fundamentales dentro de la historia del jazz mundial.

Bill Evans, el pintor de la armonía