Esperando nada

(Esperando nada (1994) de Nicole)

Es 1994 y la artista chilena Nicole saca su segundo disco de estudio titulado  Esperando nada, que fue un éxito de ventas y generó una gran conmoción entre las preadolescentes que escuchamos su trabajo. Uno de los buques insignia de ese LP fue el sencillo “Dame luz” que además perteneció a la banda sonora de una teleserie de Canal 13 llamada Amor a domicilio, donde un joven Luciano Cruz-Coke, bastante más relajado que su actual versión política ocupaba uno de los roles protagónicos. Recuerdo haber escuchado alguna entrevista de esa época a la artista y le preguntaban por el significado del nombre del elepé, ella hacía referencia a su propia experiencia adolescente, en donde sus compañeros de curso esperaban dar la antigua Prueba de Aptitud Académica y estudiar en la universidad, mientras ella por haber elegido su carrera como cantante había dejado de anhelar algo con respecto a ese tipo de educación formal.

Lo cierto es que el nombre del LP pertenece a una de las canciones que fue incluida en el disco y que es un cover de un tema del rockero español Antonio Vega, que fue integrante del grupo Nacha Pop en la década de los ‘80 y “Esperando nada” fue incorporada en su primera producción solista de 1991 titulada No me iré mañana. Vega es una de las leyendas trágicas del rock ibérico, dotado de una sensibilidad e inteligencia  asombrosas, al poco andar en el mundo del rock n’ roll se comenzó a enredar por su problema con las adicciones.

Antonio Vega

La canción se inaugura como la voz de un cuenta cuentos: “Voy a revelar / Una historia que es a veces mentira y otras no es verdad”  y nos sitúa en una posición ambigua, de esta forma la lírica se puede expandir a imágenes inesperadas:

Esperaría de pie

Que el anochecer se fundiera con la tarde y el amanecer

Como un vendaval

A mi paso, se revuelven los trozos de un quemado papel

Y creció

A mi lado como un árbol, como una ilusión

Y creció

A su lado, monstruosa, todo una obsesión

“Esperando nada” es una clásica canción rock-pop en 4/4 en tonos mayores, sin embargo sobresale por su letra, que en la versión de la chilena solo fue cambiada en términos de la perspectiva de género, pero en sus versos centrales no fue modificada. Vega tiene la capacidad de mezclar imágenes oníricas enormes como fundir la tarde con el amanecer y en el verso siguiente mostrar una escena microscópica como los pequeños trozos de un papel quemado. Luego se refiere a algo indeterminado – podrían ser la suerte, las drogas, la fama o el rock− que está junto  a la voz poética primero como ilusión y en otros se puede transformar en obsesión. Si fuera la experiencia de las adicciones, no sería la primera vez que ocupa como material esas vivencias, “Lucha de gigantes”  que aparece en el último disco con Nacha Pop, hace referencias a las perturbaciones mentales que le provocan el consumo. También en “Esperando nada” se expresan declaraciones de principios:

Vivo en la calle, estudio de aprendiz

Con libros que en la escuela nunca vi

Abre mi puerta, quiero entrar y salir

Y refrescarme antes de repetir

Antonio Vega al igual que Nicole  no siguieron caminos formales de estudios y el músico con estos versos reivindica la escuela que te puede dar la vida aquí metaforizada en la calle. Es interesante que el título de la canción no haya sido tomado de ningún verso de la misma, sino que fue creado para nombrar al tema. Esta idea de esperar nada, da la sensación de un tiempo suspendido que quizás  para Vega pudieron haber sido los momentos de viajes profundos  con sustancias ilícitas que, entre las muchas cosas que provocan, se encuentra la pérdida del sentido del tiempo, permanecer en un vertiginoso presente hasta que el efecto de ellas se acaba.

En términos musicales la versión de la chilena tiene subido el tempo y la vibra rock-pop y dentro de la canción hay unos solos de guitarra eléctrica que fueron los primeros que escuché para un tema cantado por una mujer en esa actualidad. Del músico español se sabe que tuvo que lidiar varios años con idas y venidas de las drogas, que también se obsesionó con mirar las estrellas, saber del funcionamiento del cosmos  y leer sobre astronomía, hasta que la salud se le deterioró irremediablemente, falleciendo de un cáncer de pulmón en el 2009 a los 51 años. Por su parte Nicole lleva décadas sosteniendo las banderas del rock femenino en nuestro país.

Es interesante como el paso del tiempo puede hacer  resignificar las letras de ciertas canciones, así este tema de Antonio Vega puede ser el paréntesis atemporal del viaje profundo de un adicto a los estupefacientes o la renuncia a los caminos tradicionales de desarrollo personal por parte de una mujer. Luego del fallido proceso plebiscitario reciente tengo la impresión que al menos un tercio de los votantes, dado el estado de la política actual  por estos mismos resultados, nos hemos quedado un poco a la vera del camino, simplemente, “Esperando nada”.   

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Esperando nada

Little Boxes

(We shall overcome (1963) de Pete Seeger)

Cuando se escucha “Little Boxes” (Cajitas) distinguimos la voz suave de un tenor en tono casi conversacional, el tiempo remite a una especie de vals, cercano a las canciones infantiles anglosajonas por su tonalidad  mayor. Al principio creemos que se acompaña de una guitarra, pero después comprobamos que es un banjo. La dulce voz masculina es de uno de los padres fundadores de Folk social estadounidense, ese fue Pete Seeger y que en 1963 realiza un famoso concierto en el Carnegie Hall que se convirtió en un elepé.

El disco es publicado luego de diez años sumamente complejos para el cantautor, en donde el macarthismo y su caza de brujas hizo estragos en el progresismo de los E.E.U.U. Seeger como muchos otros trabajadores de la cultura en ese país, durante los años ’50, fue acusado de tener vinculaciones con los soviéticos por sus antiguas militancias políticas anti bélicas.  El concierto significó un retorno a la palestra pública, después de estar impedido de grabar y dar conciertos. Dado lo hostil del ambiente se abocó a una labor docente y durante esos 10 años se enfocó en difundir el folclor en escuelas y colegios por todos los E.E.U.U.

Malvina Reynolds

“Little Boxes” es el décimo tema que canta en su concierto y no pertenece a su autoría, fue compuesto por Malvina Reynolds, una cantante tardía pero no por eso menos importante, además de ser activista social en el Estados Unidos de principios del siglo XX, cuando Pete aun no nacía. El tema líricamente apunta a una sátira a las clases medias norteamericanas, donde las dinámicas sociales se repiten y se heredan hasta el fin de las vidas de sus participantes, sin muchas variaciones o quiebres que incluyan alguna pertenencia más comunitaria, de esta forma, una de las constantes que elige la autora para trazar la vida burguesa son las cajitas: “[…] Cajitas en la ladera / Cajitas todas iguales / Hay una verde, una rosa, una azul y una amarilla […] / Son todas iguales.” Luego de presentarnos el objeto, en donde la caja se mezcla a veces con la vivienda habitación, se hace la trayectoria vital social que acompañan  estos objetos:

Y la gente en las casas

todas fueron a la universidad

Donde fueron puestos en cajas

Y salieron todos iguales

Y hay médicos y abogados

Y ejecutivos de empresas

Y todos están hechos de ticky-tacky

Y todos se ven iguales.

Las personas al igual que las cajas dan la impresión de haber sido hechos de forma serial; fueron a la universidad, estudiaron carreras liberales son estirados y acartonados (donde el “ticky-tacky” es la forma coloquial para hablar que algo es “hecho de cartón”) y lucen a perfectas replicas. Es muy interesante el sonido que provoca dentro de la canción el slang del “hecho de cartón”, produce una resonancia que se repite durante gran parte del tema, generando un efecto runrún adormecedor que se reitera luego en la segunda generación de hijos de los acartonados:

Y todos juegan en el campo de golf

Y beben sus martinis dry

Y todos tienen niños bonitos.

Y los niños van a la escuela.

Y los niños van al campamento de verano.

Y luego a la universidad

Donde se ponen en cajas

Y salen todos iguales

El destino cartón corrugado paterno es el que vivirán los niños de esas clases medias acomodadas estadounidenses, en donde se deben cumplir la mayor cantidad de mandatos sociales como casarse, de ser posible, tener niños hegemónicamente bellos y asistir a reuniones de esparcimiento como ir al golf. De esta manera, los infantes serán moldeados a modo de cajitas a cumplir su destino repetitivo. El tono jocoso de esta canción infantil muestra la rigidez de una clase que solo se concebía de una manera, además de su conformismo y su comodidad para repetir esquemas, la crítica no es solo de carácter social sino que también existencial.

Víctor Jara

Si bien se encuentra una versión en español de 1969, hecha por el cantautor de Alicante Adolfo Celdrán, la versión que se conoce en Sudamérica es la que realizó el incombustible Víctor Jara. El cover aumenta el octanaje de la crítica realizada por Reynolds, así como la complejidad armónica de la canción, si bien en la versión de Malvina y Seeger es un ciclo de 3 o 4 acordes mayores en una especie de carrusel, Jara tensiona mucho más la pieza en términos armónicos con notas alteradas en sextas y séptimas, sónicamente la torna mucho más tenebrosa, sarcástica y mordaz, sitúa la versión en un contexto social chileno y las críticas son causticas:

Y el hijito de su papi

luego va a la universidad

comenzando su problemática

y la intríngulis social.

Fuman pitillos en Austin mini,

juegan con bombas y con políticos,

asesina generales,

y es un gangster de la sedición.

Jara le da continuidad al vástago de los padres liberales, a diferencia de la versión americana donde el chico solo se remite a repetir el esquema social que se le plantea a su clase. En el cover del chileno el muchacho hace cosas bastante más horribles, como intentar tumbar gobiernos haciendo magnicidios. Recordemos que en la época de esta canción, en 1971 y antes de que asumiera Allende como presidente de la República, fue asesinado en el país el general Schneider por ultra derechistas, marcando la pauta y la tensión sediciosa que culminaría con el golpe de estado de 1973.

Pete Seeger

El destino de los músicos de canción protesta se caracteriza por continuar con sus luchas luego de que se acaban los discos o los conciertos; Malvina Reynolds tuvo que lidiar con la autogestión y un menor alcance de público por decidir ser dueña de sus propias creaciones, no entregándoselas a grandes discográficas, Seeger por su parte tuvo que superar causas legales en su contra, sospechado como agente pro soviético y sobrellevar varios años de ostracismo, en Víctor Jara se extremó ese asedio del poder que lo asesino al considerarlo peligroso por su compromiso político social.

Little Boxes

Tutta la vita

(Viaggi organizzati (1984) de Lucio Dalla)

Se sabe que la industria mexicana de la música popular es un mamut si lo comparamos a nuestra pequeña industria nacional y que ha ciertos niveles de dimensiones se quiera o no el trabajo se profesionaliza, así las canciones italianas han servido al mercado hispano desde Daniela Romo y “Yo no te pido la luna” en italiano “Non voglio mica la luna” compuesta entre otros por Zucchero Fornaciari otro cantautor italiano destacado y cantada por Fiordaliso a principios de los 80, hasta la más recientemente “No me ames” cantada por Jennifer López y Mark Anthony a finales de los ‘90, esta es una balada italiana del ‘92 llamada “No mi ami” producida por Giancarlo Bigazzi. Y se eligen a los compositores italianos porque desde la canción napolitana, incluso mucho antes, desde el Bel Canto y la opera los músicos de la bota se han caracterizado por la creación de hermosas y reconocibles líneas melódicas en sus temas, ya sean estos populares o clásicos. 

Al igual que los artistas mencionados Emmanuel tuvo su momento de búsqueda de canciones italianas para incorporar a su repertorio y “Tutta la vita” del incombustible Lucio Dalla fue tomada para ese efecto. El camino de la canción en su versión en español es bastante sinuoso ya que no fue solamente Emmanuel el que tomo el tema de Dalla, sino que también el cantante cubano llamado Franco, que la grabó y la llevo a estar tres semanas en el Latin Billboard  de 1986. Después el cantante mexicano hace lo mismo con su propia versión del tema del italiano con igual suerte, tres semanas también en la punta de los rankings norteamericanos. La controversia se instala al no tenerse tan claro quién fue el primero de los dos cantantes latinoamericanos en grabar el cover del boloñés.

“Tutta la vita” fue compuesta por Lucio Dalla y la incorporó en su décimo segundo disco de 1984 llamado Viaggi organizati (Viajes organizados) con doce long plays a su haber en ese año, se comprenderá que Dalla fue uno de los cantautores italianos más importantes  de su generación que, luego de ese álbum, continuó trabajando en otras 11 obras más que suman 24 elepés de estudio a lo largo de su carrera. Comenzó de muy pequeño estudiando acordeón, luego de forma autodidacta el clarinete cuando se enamoró del jazz en la adolescencia, además del saxofón, para arribar al piano que es como lo conocimos en el mundo hispano.

Cuando se escuchan las dos versiones en español de “Tutta la vita” notamos la imposibilidad de ambos covers para zafarse del tempo y el orden melódico armónico que dispuso el italiano, en el caso de Franco imita de Dalla hasta sus silbidos del inicio de la canción. Emmanuel hace lo mismo con el chiflido y con una línea de sintetizador del boloñés que astutamente decide incorporar en su canto. En cuanto a la letra, las versiones en español apuntan a la clásica idea del galán imposibilitado de olvidar a una mujer, mientras recorre una amplia avenida de diversas historias amorosas y como telón de fondo está la obsesión por la música.

En Chile el meme verbal que se hizo de la canción fue agregarle al verso “Toda la vida” el folclórico “comiendo pan con mantequilla”, broma que al menos a mí me parecía demasiado insultante, pero en el ‘89 la verdad que lo más habitual en las casas era la mantequilla para acompañar el pan a la hora de once y en algunos casos solamente margarina. Siempre advertí en la repetición melódica del tema una cierta obstinación  que algo tenía que ver con la lírica en italiano, esa que llegue a saber mucho más tarde que la versión de Emmanuel. Y aunque el cover del mexicano tiende a la frivolidad y el lugar común del macho atormentado, si debo decir que rescato el verso que le da cierta profundidad a su versión ese es: “toda la vida pensando siempre en tu egoísmo / y por no ser esclavo tuyo/ soy el esclavo de mí mismo”, me parece una tensión existencial bastante actual, entre perder parte de la libertad en relación con otro o mantener una especie de independencia que por momentos se percibe como una condena.

La canción original de Lucio Dalla es mucho más juguetona y enmarañada en ese sentido. El comienzo es ingenioso, no solo se escuchan silbidos también suena una máquina de afeitar, algo absolutamente cotidiano, da la impresión que es un hombre que se habla al espejo mientras comienza su mañana.  Esta todo bastante borroneado, no sabemos si le habla a una mujer de la cual quiere escapar o a un hombre y la música está mucho más presente como tema: “Toda la vida, tocar un piano, / Dejando tus dedos en él también / Arriba y abajo o en medio de un teclado / Estamos seguros de que era música”. En un principio pensamos que una de sus anclas es la música, pero en la penúltima estrofa ya ni eso se tiene claro: “[…] Dejar el corazón en casa o en las escaleras / ¿Estamos seguros de la música? / Sí la música, pero la música…”. El hablante de Dalla es un tipo mucho más empequeñecido en medio del torbellino vital que habita, no hay seguridades ni grandes conquistas, no hay súper macho que resuelva ese corazón roto con más camas y amantes, muy por el contrario me parece que el verso que define a la canción en su totalidad es este: “Tutta la vita, al centro della confusione”  o “Toda la vida en medio de la confusión”, la voz poética del boloñés es un tipo que sobrelleva la vorágine existencial como mejor puede y la música es una de sus inestables guías.


Una versión épica en vivo de “Toda la vida” de Emmanuel es una que se realiza durante el Festival de Viña de 1989, el cantante de 34 años, se le puede ver con una enorme chaqueta de jeans clara y unos pantalones negros ajustados, la cara completamente sudada y haciendo gala de todas las habilidades interpretativas y artísticas que posee; desde la voz a sus clásicos pasos de baile; una mezcla entra danza, patadas de karate y envestidas de torero, hasta tocar los timbales, silbar y cantar hacia el puente y final de la canción. Por su parte Lucio Dalla en el disco en vivo DellAmeriCaruso (1986) un disco grabado en Nueva York donde hay una comunidad enorme de italo norteamericanos, realiza una versión recargada y energizada, mucho más acelerada que la original  y con un público que por momentos hace olvidar que está en la Gran Manzana, con una localía acérrima. El cantante mexicano, luego del hit que le significó “Toda la vida”, siguió buscando dentro del corpus del italiano otras canciones que pudiera interpretar, de esa pesquisa salió “La última luna” que Emmanuel público en 1988 con videoclip incluido, en donde se plantea un onírico fin de mundo exacerbado por la alucinada lírica del boloñés.

Tutta la vita

Un gran jugador de póker

Foto de Mudassir Ali en Pexels

El fin de semana pasado y empalmado con las celebraciones de Fiestas Patrias, se jugó una fecha por Copa Davis, el seleccionado de tenis chileno se enfrentaba a su similar del Perú en Lima en cancha de arcilla y aunque las cosas transcurrieron con cierta lógica, según las diferencias de rankings, debo decir que hubo un partido en el que me sentí muy cercana con el oponente de nuestro equipo nacional.

El marcador general estaba 2 a 1 arriba Chile, el capitán del equipo del Rimac decidió no ocupar a su estrella Juan Pablo Varillas en los dobles, para dejarlo descansar hasta su partido con  Alejandro Tabilo. Ese match fue un carrusel de emociones, cuando creíamos que nuestro tenista amarraba el partido, el peruano ayudado por su público, que por unos momentos se convirtió en el tercer jugador, nivel barra brava, tomo un segundo aire, luego de perder el primer set y finalmente se queda con el punto para los incaicos.

Observo a la gente limeña enfervorizada por tv, en estos casos siempre me quedo pensando si debo seguir contemplando lo que queda de partido, como soy una generación que vio ganar tardíamente a nuestras glorias contemporáneas del deporte nacional, siempre siento que a lo mejor es mufa mirarlos y si dejo de seguir las transmisiones se pueden recuperar, un nivel de irracionalidad muy propio de los nervios del fanático. Y con el punto de Varillas se instaló para el tercer partido una hermosa sombra de duda sobre lo que pasaría en su desenlace.

17/09/2022 Danial Apuy/Photosport Tennis, Peru vs Chile. 2022 Davis Cup

El que debe cerrar el tercer match a favor de Chile es Nicolás Jarry y por el lado de los peruanos es su tocayo Álvarez. El chileno es evidente que sale a la cancha con la obligación de ganar y eso se le notaba corporalmente, una suerte de tensión mezclada con deber. Nicolás Álvarez llega a la cancha y lo primero que me doy cuenta es que ocupa lentes, es decir, a pesar de ser corto de vista insiste en la práctica de un deporte, algo que ya me parece encomiable y que me vincula inesperadamente con él, yo siendo una usuaria de cristales desde los 10 años y dejando deportes atrás como resultado de mi ceguera.

En la transmisión de TVN nos comentan al pasar que Álvarez es 298 en el ranking de tenis mundial, muy por debajo de los 111 de Jarry y la impresión que me da el tenista peruano es que él es el primero en saber que tiene todas las de perder, comienzo a notar que su estrategia es como la de un jugador de naipes, que además sabe que posee no tan excelentes cartas, pero debe estar ahí a ver qué puede pasar. Álvarez además posee un look como de tenista de finales de los ‘80 principios de los ’90, el cual tiene como una de sus características, además de los consabidos anteojos, un pañuelito rojo amarrado a la cabeza. Jarry por su parte está muy influenciado en su vestimenta por Massú, González y Ríos con su jockey hacia atrás.  

Comienzo a observar al jugador peruano con una tranquilidad inusitada, casi una confianza cuando deben sortear lados y el inicio de saque con su par chileno. Veo que en su pierna izquierda tiene una venda color azul alrededor de la rodilla, suponemos que es para prevenir algún tipo de lesión y por sobre todas las cosas pongo atención a su impertérrita mirada al oponente. Al inicio del partido Jarry hace un saque y red, Álvarez ni se inmuta en correr a responder ese golpe, su táctica va por otro lado, se da cuenta que el chileno tiene toda la presión sobre sus hombros y posiblemente jugara todo el partido, es decir los buenos golpes y los errores no forzados.

Foto: Jesús Saucedo / GEC

El tenista peruano está muy enfocado, al principio, en ganar su propio saque, de esta manera le traslada la presión al chileno y juega con esos elementos mentales. Mientras el oponente prepara el golpe de inicio, Álvarez revisa quedamente el encordado y mira de reojo su contrario mostrando la clásica “cara de póker”.  Y tres veces se produce el milagro para nuestro jugador de cartas, en el tercer juego de la primera manga sacando Jarry, éste comete varios errores no forzados que dejan el marcador 40-30 en favor del incaico, pero no alcanza para provocar el quiebre, el chileno se rearma y saca el juego a delante a su favor. La segunda vez vuelve a ocurrir en el quinto set sacando nuestro tenista, pero otra vez logra recomponer los nervios y sacar la tarea adelante. Finalmente en el último game del primer set el peruano tuvo una nueva posibilidad de quebrarle el servicio a su contrincante, pero también esta vez el chileno zafó focalizando su concentración y subiendo la efectividad de su primer servicio.

Pero como la táctica del peruano era extra deportiva, en el sexto juego sacando Álvarez, se comienza a fisurar esta bruma de incertidumbre, y el singlista chileno logra quebrarle el servicio. Solo recién en el séptimo juego del primer set, vemos que el tenista del Rimac comienza a murmurar  con cierto nerviosismo. El canto del cisne para el deportista peruano fue el octavo game que lo mantuvo con su saque, luego de lo cual, el castillo de naipes sicológico que dispuso como estrategia se derrumbó a punta de buenos primeros servicios que hacia el chileno. La niebla de tensión se disipó y llegamos a la realidad de los rankings, finalmente los 187 puestos de distancia que tenían uno de otro comenzaron a notarse y se cristalizaron en la segunda manga ganada por el chileno 6 a 0.

Quede un poco con desazón cuando terminó el partido y Chile ganó el tercer punto en disputa, me parecía quijotesca la estrategia que había planteado Álvarez, completamente fuera de la cancha, pero probable, si se consideraba el levante anímico de su compañero para el 2 a 2 de la serie. Es admirable la capacidad de los hombres para, prácticamente, nunca sentir el síndrome del falso impostor, algo tan habitual en el caso de nosotras, “el patriarcado también juega” dirían las compañeras feministas. Pero me parece meritorio que un tenista 298 se plante en Copa Davis para intentar sacar algo en provecho, sostener con la presencia, ver como se para el contrincante y estar atento por si hay alguna repesca, esa fue la actitud de Álvarez que se comportó como un gran jugador de póker.

Fotos de Danner Nunes en Pexels
Un gran jugador de póker

Mascotas

Foto de Inge Wallumrød en Pexels

En mi casa no hay animales, esa fue una decisión de vida tomada por mis progenitores, no sé qué nivel de debate debieron experimentar para esa esa resolución conyugal. Mis padres si tuvieron relaciones con mascotas en su vida, mi viejo habla que mi abuelo solía tener gatos y cuando era más joven solía criar un gallo, que cuando cocinaba los domingos le tiraba restos de carne cruda para avivarle una especie de agresividad, quizá volverlo más matón entre sus pares, ahora no sé. En Otavalo, Ecuador, vi por fuera una gallera municipal, donde se realizan peleas de gallos, no me atreví a entrar, desde afuera se veía un poco oscura y me acordé de O’Higgins, nuestro prócer, que hizo todo lo posible porque se acabaran ese tipo de actividades. Claramente en Ecuador no resultó y como dice el refrán “si no puedes con ellos úneteles”. Los gatos fueron otro ítem, mi papá se acuerda del último animal que vio a mi abuelo con vida y que tuvo que pasar su funeral, «Minino» no entendía lo que pasaba, demasiada gente en un living y una caja de madera en la que podía ver a través del vidrio a su amo durmiendo, el testigo me asegura que el gato maulló toda la noche encima del vidrio del ataúd de mi abuelo.

Mi madre tiene su propia historia con los animales; a los siete años le regalaron un cachorrito lo apodó «Plinplín» y lo adoptó como su hijo perruno, hacia todas las cosas con él, menos ir al colegio, incluso dormía junto con ella. Un día que Plinplín un poquito más crecido quiso asomarse a la libertad de la calle, al ver abierta la reja de la casa salió disparado y en el instante fue atropellado y muerto por un auto. Mi madre vivió ese episodio como su primer duelo y frente al dolor inexplicable de la pérdida de su cachorro decidió en ese mismo momento, mientras veía los restos de Plinplín, de nunca más tener una mascota en su vida.

Foto de Brett Sayle en Pexels

Cuando mi hermano y yo crecimos lo suficiente como para entender la dinámica de tener animalitos en casa le pedimos a mi papá comprar un perrito y él siempre nos contestaba a modo de bromar «para qué queremos más animalitos, con ustedes hay bastante entretención» nos decía jocoso camino a la feria o al supermercado.

Crecí sin animales a mi alrededor, aunque si con muchas plantas, el reino vegetal ha gobernado casi todas las casas en las que hemos vivido: cardenales, gomeros, rosas, ligustrinas, limoneros entre otros nos han acompañado como centinelas en nuestras vidas.

Al ser niños sin mascotas mi hermano y yo los convertimos en nuestros propios dragones monstruosos, mención aparte eran unos Dóberman que una vecina, bastante mala persona, se le ocurría soltar a la tarde en la plaza donde jugaban los niños, nosotros les teníamos terror, eran nuestras némesis. Una vez vimos el movimiento completo; la vieja amargada soltaba los perros y los animalejos después de un día entero encerrados salían disparados a correr por la plaza, ahí se armaba el revuelo. Mi hermano y yo estábamos en la entrada de la plaza, vimos la maniobra en su totalidad y nos arrancamos de vuelta a la casa de nuestra abuela, dejamos botado un monopatín nuevo, regalo de un tío para la navidad, cuando nos acordamos, pasado el peligro, volvimos a buscarlo pero lo perdimos irremediablemente.

Foto de RODNAE Productions en Pexels

Me dan algo de pena los animales en departamentos, un amigo me comentaba que tuvo una gatita sin esterilizar en su hogar y el nivel de sufrimiento de su pobre felina en la época de celo quedándose sola en la casa fue el fin de su relación con animalitos en su edificio. Debo decir que también me parece terrible lo de la esterilización, sé que ahora es un actuar de tenencia responsable, pero siempre pienso que es injusto el procedimiento porque nunca se sabrá lo que verdaderamente quiere la mascota.

Por otra parte  le tengo un poco de temor a la gente que ama más a los animales que a las personas con estas frase del tipo “la verdadera fidelidad te la da tu perro” o cosas así, considero que es un rasgo de fascismo encubierto, nunca voy olvidar una película sobre la Segunda Guerra Mundial y los nazis, recuerdo que el más maléfico de la cinta, es decir, el general que administraba el campo de concentración, siempre tenía en sus brazos un gatito gris que acariciaba. Sin embargo, se sabe que en algunas personalidades sicópatas el camino de violencia pudo haber comenzado en la niñez cuando lograron matar de forma cruenta a un animalito.

Las mascotas son los reyes de las rrss, es posible pegarse horas frente a reels de perros y gatos en instagram o en otras plataformas y se hacen debates sobre quiénes son mejores si los gatos o los perros, me da mucha risa la razón de que los gatos ganarían esta controversia porque jamás estarán amaestrados por la policía para incautar mariguana en los aeropuertos, dando a entender que los felinos no serán nunca informantes de la autoridad.

Es bien impresionante el viaje existencial que puede operar en alguien que decide tener un mascota en su casa, parten por poseer una alta responsabilidad en los cuidados que le brindan, hasta comenzar la senda de la liberación animal aterrizando a un veganismo político y  militante, denunciando la crueldad que se genera con los animales en la crianza industrial,  las actividades tradicionales como el rodeo, las corridas de toros o los circos. Consideran a sus animales como un miembro más de su familia y así los lloran cuando fallecen. En nuestra actual constitución son considerados como objetos, algo así como muebles, los animalistas y algunos abogados ecologistas dicen que son seres sintientes, yo estoy de acuerdo con eso, por eso mi escrúpulo con la esterilización, hace poco hubo una posibilidad de cambiar su situación, pero no fue posible, para otra vez será.

Mascotas

En ningún lugar

La árbitra Dalma Cortadi

Me llega por instagram una imagen feroz; en un partido de tercera división, una árbitra recibe, literalmente, un tacle con golpe de puño en cabeza y cuello, por parte de un  jugador que había sido expulsado por la réferi. La secuencia me dejo en shock, primero, y después comencé a pensar que es absolutamente probable que ese tacle se de en las situaciones de violencia doméstica, de forma imaginaria cambie las ropas deportivas por civiles, saque la cancha y los jugadores e imagine un antejardín o una cocina y la escena de violencia seguía calzando a la perfección.

El hecho ocurrió un par de semanas atrás en un match entre Garmense e Independencia por la liga regional Tres Arroyos ciudad de la Provincia de Buenos Aires, de donde es oriunda Dalma Cortadi de 30 años, la árbitra que sufrió el golpe criminal propiciado por Cristian Tirone después de cobrarle una falta, luego de lo cual, Tirone la insultó y por reglamento ella le mostró la otra amarilla y venía la expulsión del exaltado, en ese contexto el jugador cometió la agresión.

La agresión a la arbitra

Llama la atención el mínimo tratamiento que han hecho los programas deportivos televisados trasandinos, que se caracterizan por hacer latas transmisiones de temas, algunas veces, satélites dentro del fútbol como la opinión de otros periodistas. Era el momento de hablar sobre esta delicada situación de violencia de género en el estadio. Observo que en uno de los canales  −Crónica−  que dio más tiempo (8 minutos para ser exacta) a la noticia el periodista que dirigía el espacio comenzó en, un absurdo monologo a, prácticamente, echarle la culpa a la réferi de haber recibido la golpiza: “El árbitro tiene que saber muñequear los partidos, tiene que cobrar una y una en los campeonatos así, en una te chorié en otra te lo va llevando, no hay justicia en los campeonatos amateur, hay una y una”. Comentarios que son tan siniestros en su descalificación como la violencia física misma. Se ve que ni la AFA ni su presidente hicieron un comunicado oficial a favor de la árbitra, o al menos en contra de la violencia en el fútbol, un silencio preocupante a esta altura de la lucha feminista en Latinoamérica.

En el video donde Dalma es atacada se puede observar también la nula reacción del equipo contrario al agresor −Independencia− ni siquiera intentar proteger a la mujer o parar al atacante, lo que se ve es como los jugadores de Garmense, de alguna forma, tratan de defender al matón llevándoselo abrazado e intentando incluso que la policía no lo tome detenido por ese delito in fraganti que comete. Claramente de parte de los compañeros se percibe una hermandad a favor del pendenciero, como bien lo dice Rita Segato “un pacto patriarcal” muy a la argentina de seguir “bancando a muerte”  a su compañero.

Cristian Tirone el agresor

Tirone es un libro aparte, un hombre violento con claras tendencias femicidas, que no escatimó en correr en velocidad hacia la árbitra que estaba de espaldas y propinarle un golpe a mansalva, lo que configura la alevosía y la premeditación. No podemos imaginarnos qué tipo de convivencia tiene con las mujeres que lo rodean, pensamos verdaderamente que dentro de su círculo hay mujeres en peligro por él y sus conductas agresivas. Por supuesto que, ya detenido y formalizado ante la jueza, pidió perdón por los actos cometidos a la gente y la réferi, disculpas que difícilmente creemos en un contexto judicial, comentó que no sabe lo que le pasó, que perdió el control y después se dio cuenta de lo que había hecho. Lo que se muestra en el video es otra cosa; es un hombre que agrede sin miramientos a una mujer por la espalda porque lo puede hacer, sabe que tiene a su equipo detrás de él en el pacto y sabe que la ley no va ser radicalmente dura con su actuar.

Por su parte, Dalma comentó en una conversación radial, que no se acuerda de partes de la situación, en la secuencia se ve que recibe el golpe atroz y de lleno, cae al suelo, se observa como un rebote de la cabeza y del pecho y ella en un acto instintivo trata rápidamente de levantarse. Lo que no alcanzamos a divisar es que después de intentar levantarse se vuelve a desmayar y se despierta en un camarín, con un dolor de cabeza atroz y con ganas de vomitar. Trata de mostrarse entera en la entrevista pidiendo que se acabe la violencia de cualquier tipo, pero escuchamos en su tono opaco la trizadura vital de verse totalmente expuesta a una agresión de estas características, confirmando la peor de las reglas que aprendimos desde la niñez: una mujer no estará del todo segura en ningún lugar.

En ningún lugar

El precio de la valentía

Salman Rushdie

Antes de ayer un amigo escritor tenía una presentación on line de su libro, eran unas crónicas que disfruté mucho leyéndolas, recuerdo que al final se habló de la valentía de exponerse en el ejercicio escritural y aunque esa frase “la valentía de exponerse” hace 48 horas atrás me sonaba metafórica, ayer a mediodía me entero que, finalmente, Salman Rushdie ha recibido un ataque mientras daba una conferencia en E.E.U.U.,  digo lo de finalmente, porque el escritor británico de origen indio de Los versos satánicos hace décadas que se estaba protegiendo de una posible agresión de parte de Irán. Desde que se publicó el libro en 1988, la cabeza de Rushdie tuvo precio, entre finales de los ‘80 y principios de los ‘90 el escritor permaneció escondido y resguardado por los servicios secretos británicos, después del primer impacto del texto  −en el que se refería a los versos que Mahoma confundió con iluminación divina, cuando al parecer fueron inspirados por el diablo−  y su prohibición de ser publicado en Irán y otros países musulmanes, Salman tuvo que aprender a tener escoltas, luego el tiempo siguió pasando y supongo que conforme el suceso de ese libro de 1988 fue amainando, se comenzó a sentir un poco más “a salvo” si es que puede existir tal cosa.

Algo similar le sucedió al italiano Roberto Saviano con su texto Gomorra en donde de manera ficcional explica el funcionamiento de la mafia italiana, luego de muchas investigaciones y entrevistas, su libro vendió más de dos millones de ejemplares alrededor del mundo. El éxito le implicó amenazas de muerte por parte de la camorra, que en la actualidad lo tienen viviendo resguardado por 4 policías permanentemente. El volumen ruso de testimonios sobre los campos de concentración, prisión y trabajo Archipiélago gulag y su escritor Aleksandr Solzhenitsyn vivieron la misma suerte de persecución por parte de los organismos de seguridad soviéticos, la escritura de ese libro implicó el suicidio de una de las guardianas del texto. Un tipo de hostilidad que no es extraña en Chile, son conocidos los casos de periodistas que durante la dictadura cívico militar fueron apresados, torturados o asesinados por sus reportajes periodísticos, un caso emblemático de los ‘90 fue El  libro negro de la justicia chilena que tuvo a su autora Alejandra Matus viviendo asilada por un par de años en E.E.U.U. mientras se derogaba la ley de desacato a la autoridad que le implicaba la pena de cárcel por su texto.

Compruebo que ya está parte del video del ataque circulando en redes por portales de prensa, se observa un grupo de hombres agachados que circundan a una persona que está en el suelo desmayada sobre un escenario. Ahora se sabe que el ataque fue perpetrado por un radical islámico, Hadi Matar de 24 años, y simpatizante del gobierno iraní. Se dice que el agresor golpeó y acuchilló al escritor que en estos momentos tiene 75 años. El agente literario de Rushdie ha señalado que es posible que el novelista pierda la visión de un ojo además de tener heridas en uno de sus brazos y su hígado. Soy pesimista con respecto a su salud, mueren hombres mucho más jóvenes a estocadas, de verdad espero que esta parte mi crónica envejezca de la peor manera posible y su evolución sea la óptima a pesar de las lesiones.

Me pregunto si Salman se dio cuenta de lo que ocurría cuando ese hombre joven se le acercaba corriendo al estrado transformándose en el trayecto en su sicario, si tuvo esa mirada como en cámara lenta, cuando comenzamos a vivir hechos traumáticos o violentos como un choque, una caída o un asalto. Otra duda que me surge es si mientras escribía Los versos satánicos habría imaginado todo el revuelo por el que tendría que atravesar, circunstancias que lo tienen hoy como víctima de un atentado.

 Cuando pienso en la escritura una de las cosas que creo está más lejana a ella es  la violencia, sobre todo si consideramos el oficio que implica estar en un lugar calmo, posiblemente en silencio o con música que ayude a nuestras concentración. El único ruido posible es el suave tecleo de nuestro notebook o el casi silencioso sonido de nuestros celulares o tablets, por ahí los más tradicionales seguirán usando máquinas de escribir con ese tañido más acompasado y fuerte de sus letras, pero no consideramos amenazas de muerte, persecuciones, escondites o escoltas de punto fijo que nos acompañen en nuestros quehaceres diarios. Rushdie, en estos momentos, está viviendo el grado cero de la valentía de exponerse a través de la escritura, el precio de sangre que le están cobrando sus eternos o nuevos opositores.

El atacante Hadi Matar apresado por los policías estadounidenses (Charles Fox via AP)
El precio de la valentía

Los dinosaurios y los viejos vinagres

La banda de rock Sumo

“Para vos lo peor es la libertad” veo que grita Luca Prodan de jeans y chaqueta de cuero negra con una peluca junto a la banda Sumo, en un programa argentino de música en vivo en 1986. Acá no había tales regalías, estábamos en dictadura, hacia 6 años de la implementación de la constitución del ‘80 refrendada con un plebiscito fraudulento en donde militares y gente del gobierno podía votar más veces que un civil. Chile era como esos versos de la canción de Charly García: “Los amigos del barrio pueden desaparecer /los cantores de radio pueden desaparecer/ los que están en los diarios pueden desaparecer / la persona que amas puede desaparecer”. La CNI funcionaba a la perfección, en el ‘85 había ocurrido el “Caso degollados”, este país era una angosta faja de sangre, pobreza y desolación.

Pero a mediados de los ‘80 en Chile ya se estaban articulando todo tipo de oposiciones y Ricardo Lagos Escobar, pertenecía a una de ellas, querían una salida democrática a esos 17 años de oscuridad, apuntó con su dedo a las cámaras de Canal 13 en una mesa de debate en contra del dictador, se convirtió en un prócer de la libertad cívica. Qué habrá pasado con ese hombre para transformarse en un anciano cascarrabias, que está asustado de una propuesta constitucional, escrita por una convención elegida en democracia y que no es capaz de decir, firmemente, que rechaza o aprueba el nuevo mapa de navegación constitucional en una carta abierta.

Ricardo Lagos Escobar en 1989

“Estoy rodeado de viejos vinagres todo alrededor” canta dos veces en el coro Prodan y cada vez que un ex personero de gobierno de la “ex Nueva Mayoría / Concertación” se inclina por el rechazo queda completamente expuesta, una vez más, esta trama inmovilista de los últimos 30 años en nuestro país.  No fue solamente la derecha, que con una miopía magnifica decide no negociar nada para, en este punto, haber perdido, absolutamente, todo el control de lo que esta aconteciendo con la propuesta de nueva constitución y su plebiscito, fueron ellos, los saurios jurídicos y economistas de la ex Concerta que se sintieron cómodos y que de exigir un cambio constitucional a principios de los ‘90, solo comenzaron a pedir reformas, para luego modificar lo más insustancial de la carta magna dictatorial. Camilo Escalona es el que remata esta conveniencia afirmando que pedir un cambio de constitución era “un fumadero de opio”, frase que al tenor de los acontecimientos del 18 de Octubre de 2019 le valió un ostracismo de al menos 3 años. No hablaremos acá de los casos de corrupción, el MOP gate, las boletas ideológicamente falsas, los desfalcos de los FFAA y Carabineros o algunas políticas públicas que fueron en detrimento de las familias y de los jóvenes como el CAE.

Recuerdo una frase muy popular en redes sociales “soa Bachele haga algo”, estaba bastante difícil que Michelle Bachelet pudiera realizar cosas si, por ejemplo, al final de su segundo mandato fue secundada como primer ministro por Jorge Burgos, un tipo que antes del estallido social se ufanaba de haber desarticulado la idea de la presidenta de comenzar un sondeo para una nueva constitución. Este año nos atragantamos con la noticia de que la ministra Izkia Siches había recibido información como veraz, cuando no era verídica, de parte funcionarios de su ministerio, me pregunto ahora con qué nivel de oposición interna trató de gobernar Bachelet en sus dos periodos.   

Fanny Pollarolo en los puerta a puerta de la segunda vuelta presidencial

Esta no es una diatriba en contra de la vejez, es evidente que todos marchamos hacia ese lugar algunos primero que otros, pienso en cuán de conservadores podemos volvernos conforme pasa el tiempo y creo que eso es una decisión personal y por el estado de cosas actual también política, decido entonces por mi parte quedarme con la juventud de una Fanny Pollarolo que con sus 87 años decidió hacer campaña en los puerta a puerta para la segunda vuelta presidencial en la elección pasada, o el tío Valentín de 89 que tocó al piano la canción nacional para la ceremonia de la entrega de la propuesta constitucional o Miguel Lawner con 94, premio  Nacional de arquitectura en 2019  y que pondera la propuesta constitucional como “un texto magnífico”. De Lagos y sus ex personeros ya sabemos qué tipo de viejos son aunque algunos no frisen todavía los 50.

Los dinosaurios y los viejos vinagres

La corista

Ahora que El amor después del amor de Fito Páez cumple 30 años, hay un reguero de recuerdos personales en redes sociales asociados al disco, memorias que ya ni siquiera son argentinas, propiamente tal, sino que latinoamericanas y por ahí mundiales. Mi historia con el álbum fue la obsesión por saber la identidad de la corista de la canción que da nombre al elepé. La primera vez que escuché esa voz de mujer, que en una especie de salmodia le replicaba a Páez, hizo que se me pusieran los pelos de punta, un grito de góspel furioso que solo avivaba al canto de Fito, pero que le daba toda la característica al tema. No se podía cantar así, con ese desparpajo, no se podía ser humana y cantar de esa forma, me la imagine una semidiosa del olimpo afronorteamericano, alguna cantante en etapa inicial, que se la jugó desde el País del Norte a hacerle los coros al argentino, ellos con la labia consiguen todo, como no iba a conseguir una corista gringa que supiera algo de español.

Traté de averiguar en su momento quién demonios era la vocalista de El amor después del amor, nunca me compré el disco original, no había internet, todo pasaba por televisión por cable o revistas especializadas –bastante caras e inalcanzables para una adolescente- y en mi pieza cada vez que escuchaba el tema desde la radio trataba desesperadamente de copiar con descaro ese tono blues, era el Delta, un pedacito de soul a imitar. Fito es el portento, pero sin la voz que lo acompaña la canción baja un 40% de sus posibilidades sonoras. Pasaron 20 años sin tener la más remota idea de quién era la genialidad tras los coros, hasta que la red desbloqueó ese secreto y me vi un concierto del 94’ de Páez en Montreux en el Festival de Jazz. Iba todo muy bien y la banda decide cerrar con El amor después del amor, la cabeza me explotó, sale una chica de tez muy pálida, colorina de rulos −quizá esa sea su real herencia afro− y entra a prenderle fuego a todo con su vocalización y tocando un pandero. Reviso los créditos “Claudia Puyó” se llamaba la ex negra del Mississippi que yo me imaginaba, acto seguido me volví fanaticada dura de la pelirroja.

Puyó tiene un recorrido musical muy de vieja escuela, es cantante de blues y ha sido corista de muchos artistas argentinos entre los que se puede contar Lito Vitale, Claudio Medina y el mismo Páez. En algunas de sus entrevistas comenta que tuvo un periodo fuerte de música brasileña, que incluyó irse un tiempo al Brasil para absorber esas melodías. Cuando le preguntan por su técnica vocal, reconoce que no hace ejercicios de vocalización ni nada parecido, por lo tanto, estamos frente un milagro y talento de la naturaleza. Claudia tuvo un tema girando por MTV y siempre deja en claro que ella no debió pagar ningún tipo de favor a cambio de ser rotada por el canal, simplemente alguno de los Vjs le gustó la canción, que es parte de su disco Cuando te vi partir, el tema es uno muy rockblues que se llama “Hundiéndome en la oscuridad”. No todo ha sido éxitos y miel sobre hojuelas para Puyó, tuvo que sobreponerse del suicidio de una de sus parejas, algo que reconoce fue absolutamente inesperado y feroz.

Para las celebraciones de los 20 años de  El amor después del amor se produjo una controversia entre Páez y Puyó, puesto que la cantante no iba a estar entre los músicos de la gira, luego se filtró un audio en donde Claudia comenta dos cosas: que ella no estaba de acuerdo que se bajaran algunos tonos de la canción y que Fito le pedía perder algo de peso, puesto que su imagen ya no era de la treintañera del 94’, eso nos recuerda a Kelly Mgillis y su nula incorporación a la última Top Gun ya que es una mujer que representa sus 64 años, algo que para los productores era imposible de ver en cámara junto al sobre intervenido Tom Cruise, un poco menor que ella. A favor del músico podemos decir que se disculpó diciendo que ese fue un mal día de ensayo para él y siempre tendremos su tremendo tema “Dos días en la vida” donde le hace un homenaje a la amistad de las protagonistas de la película Thelma y Louise.

Yo me quedo con un concierto en Geba del 2011 allí aún estaba el reconocimiento mutuo, Fito de amarillo y rosado cantando como siempre hasta que entra la cantante y como hace 28 años en Suiza, lo vuelve a incendiar todo, el octanaje del tema se va por los aires, se prende el público con su voz y Páez concede la magia diciendo: “Buenos Aires quiero que le den un beso muy grande a la Reina del Oeste Claudia Puyó”. Indesmentiblemente el rosarino es dueño del atractivo de todo ese álbum, pero la diadema de El amor después del amor siempre volverá a brillar en las cuerdas vocales de la pelirroja.     

La corista

La sangre

   

No tenía mucha idea de este fluido siendo niña, hasta cuando me empecé a tropezar mientras jugaba con primos y amiguitos del pasaje. Las heridas más dolorosas eran en las que aterrizaba al suelo directamente en las rodillas, un raspado que te producía una descarga eléctrica de dolor y luego te veías la sangre mezclada con la tierra, mal presagio para la continuación del juego. Había que hacer un tiempo fuera, irse a la casa, lavarse la herida con la manguera del jardín y luego pasar a decirle a algún adulto «me caí» mostrar la marca para que el veredicto sea el mismo en severidad: «hay que echarte povidona». Cada vez que llegábamos a este punto me sentía en una pequeña sesión de torturas. Rememoro a mi abuela que con seriedad cuidadora remataba la limpieza de la herida con un cotonito adherido a la tapa de este desinfectante. Llegué a ver burros verdes con cada repasada de povidona que me dio. A veces una tenía mayor suerte y mientras jugaba al tombo, al alto o andando en bicicleta la caída era de costado. El rasmillado decoraba la pantorrilla, ahí el procedimiento era más simple no dolía tanto, solo me echaba un poco de agua y seguía jugando.

Después recuerdo haber entrado varias veces al baño despreocupada, interrumpiéndole la poca intimidad personal que podía gozar mi madre con unos hijos de 7 y 10 años. Veía de lleno el cambio de toallas higiénicas. «¿Mami no te duele?» Le preguntaba muy compungida mientras recordaba el dolor de mis rasmillones. «Molesta un poco nada mas» me contestaba atareada y sobrevendida en labores domésticas. Cuando tocó mi menarquia a los 12 años, confundí los dolores de vientre con una apendicitis, me dormí muy preocupada pensando que moriría en el sueño, pero al otro día al ver sangre en las sábanas llamé asustada a mi madre y le mostré mi cama. En mi mente imaginaba una especie de tuberculosis extrañísima que ocurría a través de la piel y que siempre acababa conmigo en un nicho del cementerio. Pero ella me abrazó feliz y me dijo «tranquila es la menstruación, ya eres una jovencita».

Foto de Kampus Production

Pensaba que mi relación con este flujo había quedado circunscrita a estos hechos, pero recientemente se me abrió un nuevo flanco, me pidieron donar sangre porque una tía iba a ser intervenida, accedí de inmediato por el cariño y por el sentimiento de buena voluntad que a veces nos arremete, olvidando por completo mi pésima relación con las agujas. Lo primero que hice en cuanto me decidí fue ir al otro día al hospital más cercano a presentarme como donante. Hablo amablemente con la secretaria para dar mis datos y el clásico censor de la administración pública, transformado en facultativo, sale de una oficina diciendo «para hacer esto hay que pedir hora antes». No quise convertirme en una militante de Renovación Nacional y pedir a gritos la eficacia y la eficiencia del Estado, pero me parecía que perdían una gran oportunidad de hacer la labor de forma expedita, con alguien que se presentó de forma voluntaria. Me dan la hora para el lunes siguiente, me presento nuevamente, ya recordando que tuve un frustrado intento hace seis años, donde, las paramédicas que me revisaron no me encontraron la vena apropiada para el pinchazo, no pasé esa prueba no pude donar. Me preocupaba ahora lograr el cometido. El enfermero me amarró una banda elástica azul, de esas que usan los drogadictos para inyectarse, y tanteó; «está perfecta puedes donar, pero antes debo hacerte unas preguntas», allí comenzó un hilarante cuestionario que versaba sobre haber padecido hepatitis, llevar piercings o tatuajes, consumo de cocaína, haberse operado, entre otras cosas más.

Hubieron dos consultas que literalmente me sacaron carcajadas: «¿Hace cuánto que no está en pareja?» y «¿Ha tenido relaciones sexuales los últimos seis meses?». La humillación me parecía completa y perfecta, además de tener que dar esas malas noticias, había que aguantar una aguja por diez minutos en mi brazo derecho, solo faltaba la povidona de mi abuela ardiendo en mis rodillas para que el malestar fuera completo. Vi en los ojos del enfermero una curiosidad por mi reacción. Simplemente le baje el perfil y le dije que me parecían algo afiladas las preguntas pero sabía que tenía que hacerlas. «Qué bueno que no te lo tomas a mal, aquí hay gente que se ha enojado conmigo y esto es simplemente un procedimiento» se disculpó. Las buenas nuevas eran que tengo una presión arterial sana y una adecuada provisión de plaquetas en la sangre.

Foto de Anna Shvets

Luego de esta entrevista entré a hacer efectiva la donación. Le comenté avergonzada a la sanitaria de mis molestias con las ajugas. «Mire para otro lado y relájese» me respondió, vi un adminículo que era la púa que ponen para extraer la sangre junto con unas mangueritas de plástico y…..decidí girar la cabeza para otro lugar, debía estar tranquila y ser como el avestruz era una buena forma de capear el rato.

Pero pasó lo impensado, la intervención se demoró muy poco tiempo. Mientras trataba de evitar el estrés del momento, de pronto, la enfermera me dijo «estamos acabando» giré y vi la conexión de la aguja y la sangre pasando por unos tubitos que la alojaban en unas bolsas ad hoc. Me percaté que era casi café el color, recordando lo roja que era en mis rodillas, la paramédica me comentó que esa sangre ya había hecho el recorrido por todo el cuerpo y se encontraba sucia.

Me quedé perpleja por lo corto del procedimiento, después me entregaron una leche chocolatada y un papel con las indicaciones post donación en donde se leía claramente «no subir escaleras», por supuesto yo supuse que eran escalinatas de departamentos y no de una vivienda de dos pisos. Llegué a mi casa maravillada, le dije a mi mamá que me gustaría ser donante, ella me observó como cuando traté de justificar el estúpido actuar de un ex pololo, mientras ella ya sabía que era un completo imbécil. Subí y bajé un par de veces los peldaños y a las 12 me senté al computador a recuperar algo de la mañana, cuando empecé con la sensación de mareo y le dije a mi padre. “Respira tranquila” me sugirió y no supe más. Desperté en mi cama «¿qué paso?» pregunte, «te desmayaste”, recordé la indicación de no subir escaleras. Me pusieron los pies en alto y me recosté más cómoda, desde esa posición escuché a mi madre que alarmada me decía «la próxima vez que dones sangre va a ser cuando yo ya no exista».

Foto de Charlie-Helen Robinson
La sangre